El lacrosse tiene en América del Norte su hogar histórico, pero en las dos primeras décadas del siglo XXI el deporte ha experimentado una expansión global sin precedentes. España ha sido parte de esa expansión: el lacrosse llegó al país a través de las comunidades de expatriados norteamericanos y de los intercambios universitarios, y en pocos años pasó de partidos informales en parques a tener selección nacional y competiciones organizadas.
Los primeros equipos: expatriados y universidades
El lacrosse apareció en España de manera casi simultánea en Madrid y Barcelona durante los primeros años de la década de 2000. Los primeros en practicarlo fueron principalmente expatriados estadounidenses y canadienses residentes en España, muchos de ellos vinculados a empresas multinacionales o a la comunidad diplomática.
A estos pioneros se sumaron pronto estudiantes españoles que habían realizado estancias académicas en universidades norteamericanas —fundamentalmente mediante programas de intercambio— y que, al regresar, querían seguir practicando el deporte al que se habían aficionado durante su estancia.
El papel de las universidades españolas
Las universidades constituyeron el segundo motor de crecimiento del lacrosse en España. Algunas universidades madrileñas y barcelonesas incorporaron el lacrosse a sus programas de deportes universitarios, lo que facilitó el reclutamiento de nuevos jugadores sin vinculación previa con el deporte. Los campus universitarios se convirtieron en espacios de aprendizaje y práctica donde convivían estudiantes de intercambio norteamericanos y estudiantes españoles que descubrían el deporte por primera vez.
La Federación Española de Lacrosse
El paso de la actividad informal a la estructura federativa se produjo con la fundación de la Federación Española de Lacrosse (FEL). La federación permitió establecer un reglamento homologado con los estándares de World Lacrosse, organizar competiciones nacionales con resultados oficiales y dar el paso hacia la participación internacional.
La FEL se afilió a World Lacrosse, el organismo internacional que gestiona el deporte a nivel global, lo que abrió la puerta a que España participara en clasificatorios y torneos internacionales.
El lacrosse femenino: crecimiento paralelo
Uno de los aspectos más destacados del desarrollo del lacrosse en España es que el lacrosse femenino creció en paralelo al masculino desde prácticamente el principio. En muchos países el lacrosse femenino llegó con décadas de retraso respecto al masculino; en España, la llegada tardía del deporte permitió que ambas modalidades se desarrollaran de forma más equilibrada.
Las jugadoras encontraron en el lacrosse femenino, con sus particularidades reglamentarias —menor contacto físico que en la versión masculina—, una disciplina accesible que combinaba habilidades técnicas con dinamismo. Algunas jugadoras procedentes del hockey hierba o del balonmano se incorporaron al lacrosse femenino y elevaron rápidamente el nivel competitivo nacional.
Box lacrosse y lacrosse de campo
En España se han practicado las dos modalidades principales del lacrosse: el lacrosse de campo (field lacrosse), jugado en exterior sobre césped, y el box lacrosse, disputado en recintos cerrados. El lacrosse de campo ha sido siempre más popular por la mayor disponibilidad de campos al aire libre, pero el box lacrosse ha generado también afición, especialmente en ciudades con instalaciones de hockey hielo adaptables.
La selección nacional y las primeras competiciones internacionales
La constitución de la selección española de lacrosse fue el hito que certificó la madurez del deporte en el país. España participó en clasificatorios del World Lacrosse Championship, enfrentándose a selecciones europeas con más tradición como Irlanda, Alemania o Chequia. Los resultados iniciales fueron humildes, pero la participación en sí misma representó un logro para una comunidad lacrosse que había pasado de los partidos en el parque a la competición internacional en apenas una década.