A mediados del siglo XIX, el lacrosse vivía en Canadá una situación paradójica: era inmensamente popular entre las comunidades indígenas y crecía rápidamente entre la sociedad colonial anglófona, pero carecía de reglas uniformes. Dos equipos podían llegar a un partido con expectativas completamente distintas sobre cuántos jugadores usar, qué constitía una falta o cuándo acababa el partido. George Beers puso fin a ese caos.
El Montreal Lacrosse Club y los primeros pasos
El Montreal Lacrosse Club, fundado en 1856, fue el primer club formalmente organizado de lacrosse fuera de las comunidades indígenas. Sus miembros, en su mayoría anglófonos de clase media y alta, jugaban regularmente contra equipos Haudenosaunee de la región —particularmente contra jugadores Mohawk de Kahnawake— y organizaban torneos locales.
Fue en el seno de este entorno donde el joven George William Beers (1843-1900) creció como jugador y desarrolló su fascinación por el lacrosse. Beers era dentista de profesión, pero dedicó una parte enorme de su tiempo y energía a promover el lacrosse como deporte nacional canadiense.
Las reglas de 1867: el reglamento fundador
En 1867 —el mismo año en que nació la Confederación Canadiense— Beers publicó un folleto titulado Lacrosse: The National Game of Canada, que incluía el primer reglamento escrito y sistemático del deporte. Las principales innovaciones de su reglamento fueron:
- Número fijo de jugadores: 12 por equipo (reducido posteriormente a 10).
- Dimensiones del campo: fijó un terreno de juego con medidas específicas y líneas delimitadoras.
- El palo: especificó las características del palo y prohibió el palo de dos cabezas o los palos excesivamente largos.
- La pelota: estableció el uso de una pelota de goma sólida en lugar de las pelotas de madera o cuero usadas por los indígenas.
- Duración: el partido se jugaba hasta que un equipo marcara un número determinado de goles (no había tiempo fijo inicialmente).
- Árbitros: se instituyó la figura del árbitro neutral.
El lacrosse como identidad nacional canadiense
Beers no solo codificó el deporte: lo promovió activamente como símbolo de identidad canadiense. En sus escritos argumentaba que el lacrosse —más que el cricket o el béisbol importados de Inglaterra y Estados Unidos— representaba el espíritu del país nuevo que era Canadá. En 1859 el Parlamento canadiense ya había declarado el lacrosse deporte nacional, y Beers usó esa declaración como palanca para expandir el deporte.
Sin embargo, la relación de Beers con los pueblos indígenas que habían creado el deporte era contradictoria. Por un lado, admiraba la habilidad de los jugadores Haudenosaunee; por otro, contribuyó a un proceso de apropiación cultural que acabaría marginando a los pueblos originarios de la propia historia del deporte que habían inventado.
La expansión en la segunda mitad del siglo XIX
Tras la codificación de Beers, el lacrosse se expandió rápidamente en Canadá y también cruzó el Atlántico. En 1867, el mismo año del reglamento, una selección canadiense viajó a Gran Bretaña e Irlanda para demostrar el juego ante la reina Victoria, que quedó fascinada con el espectáculo. Esta gira plantó las semillas del lacrosse europeo.
En la década de 1870, el lacrosse llegó a las universidades de la costa este de Estados Unidos, donde no tardaría en convertirse en uno de los deportes más populares del campus.