Hay antes y después de Conor McGregor en la historia de las MMA. No solo en términos deportivos —donde sus logros son extraordinarios— sino en términos de negocio, de cultura popular y de cómo el mundo ve las artes marciales mixtas. McGregor convirtió las MMA de un deporte nicho en un fenómeno global, y lo hizo con una combinación de talento genuino, carisma único y una comprensión instintiva del marketing que ningún luchador antes que él había tenido.
La historia de McGregor empieza en las calles de Crumlin, un barrio del sur de Dublín, donde creció en una familia de clase trabajadora. De adolescente tuvo roces con las pandillas locales y buscó en el boxeo una salida. A los 18 años empezó a entrenar en el Straight Blast Gym de Dublín bajo la dirección de John Kavanagh, el entrenador que moldearía su carrera. Durante años compaginó el entrenamiento con trabajos de fontanería y cobró subsidios del Estado irlandés mientras perseguía su sueño.
El ascenso en la UFC
McGregor llegó a la UFC en 2013 con una fanfarronería que irritó a muchos y cautivó a más. Sus declaraciones antes de las peleas eran una mezcla de confianza absoluta, poesía urbana y provocación calculada. Y lo que prometía en las ruedas de prensa lo confirmaba en el octágono: ganó sus primeras peleas en la UFC con una eficiencia fulminante que hacía que sus adversarios parecieran paralizados ante la amenaza de su izquierda.
El momento que lo cambió todo fue la noche del 12 de diciembre de 2015, cuando McGregor noqueó al brasileño José Aldo en 13 segundos —el KO más rápido en la historia de las peleas por el título de la UFC. Aldo era el campeón invicto de peso pluma, sin derrota en 10 años. El KO fue tan rápido que muchos espectadores no lo vieron en directo. La imagen de Aldo cayendo al suelo dio la vuelta al mundo.
El campeón de dos pesos
Un año después, en noviembre de 2016, McGregor hizo historia convirtiéndose en el primer luchador de la UFC en tener simultáneamente dos títulos de categorías de peso distintas. Tras ganar el cinturón de peso ligero venciendo a Eddie Alvarez en el Madison Square Garden, se paseó por el octágono con los dos cinturones, uno en cada hombro, en una imagen que resumía su megalomanía y su genio para el espectáculo.
El negocio más allá del octágono
Lo que distingue a McGregor de cualquier otro luchador de MMA es su dimensión empresarial. En 2020 lanzó su propia marca de whisky irlandés, Proper No. Twelve, que vendió en tiempo récord a una multinacional de bebidas alcohólicas por una cifra estimada en 600 millones de dólares. McGregor pasó de peleador a empresario en el espacio de unos años, convirtiendo su marca personal en un negocio de dimensiones que ningún atleta de combate había alcanzado antes.
Su pelea de boxeo contra Floyd Mayweather en 2017 —un evento de cruce de disciplinas que muchos vaticinaron como un fraude deportivo— generó más de 600 millones de dólares en ingresos, convirtiendo a McGregor en el deportista mejor pagado del mundo ese año. El espectáculo superó al deporte, pero el negocio fue real.