La historia del rally es también la historia de unos coches extraordinarios que empujaron los límites de la mecánica, la seguridad y la velocidad hasta territorios que nadie había explorado. Algunos fueron prohibidos por ser demasiado peligrosos. Otros se convirtieron en iconos de la cultura popular. Todos dejaron su huella en el asfalto y en la tierra de medio mundo.
El Grupo B: cuando no había límites
Entre 1982 y 1986 el Campeonato del Mundo de Rally vivió su era más espectacular y más oscura. El reglamento del Grupo B imponía un mínimo de producción de solo 200 unidades para homologar un coche, lo que dejaba las manos libres a los ingenieros. El resultado fue una carrera tecnológica sin precedentes.
El Audi Quattro fue el pionero con su tracción total, algo revolucionario en 1980. Pero pronto llegaron el Peugeot 205 T16, el Lancia Delta S4, el Ford RS200 y el MG Metro 6R4, monstruos de 400 a 600 caballos alojados en carrocerías de menos de 1.200 kilogramos. La relación potencia/peso era comparable a un Fórmula 1.
Los espectadores se agolpaban a centímetros de los coches. Las velocidades eran incompatibles con cualquier margen de error. En 1986, tras el accidente mortal de Henri Toivonen y su copiloto en el Tour de Corse, la FIA prohibió el Grupo B. Fue el final de la era más vertiginosa del rally.
Los años 90 y el azul que conquistó el mundo
Cuando el Grupo B desapareció, la nueva categoría del Grupo A trajo coches más controlados pero no menos emocionantes. En los años 90 se produjo el fenómeno cultural más grande del rally moderno: la rivalidad entre Subaru y Mitsubishi.
El Subaru Impreza, con su azul eléctrico y su ruido de bóxer inconfundible, se convirtió en el coche más popular del rally. Colin McRae y luego Richard Burns llevaron el Impreza a los títulos mundiales de 1995, 2001 y 2003. El azul Subaru se convirtió en una identidad cultural que trascendió el rally: millones de jóvenes de todo el mundo compraron Imprezas de calle buscando (en vano) una fracción de aquella sensación.
El Mitsubishi Lancer Evolution, el eterno rival en rojo, ganó con Tommi Mäkinen cuatro títulos consecutivos entre 1996 y 1999. La guerra azul contra rojo alimentó apasionadas discusiones en garajes de todo el mundo.
Los híbridos que nadie esperaba
En 2022 el WRC dio el salto tecnológico más grande de su historia con la categoría Rally1: coches híbridos de altas prestaciones con 500 caballos combinados entre motor de combustión y eléctrico. El sistema eléctrico puede dar hasta 100 kilovatios adicionales en determinadas condiciones.
El resultado fue inicialmente caótico: los sistemas híbridos fallaban, los ingenieros no sabían cómo gestionar la energía en etapas de tierra y polvo, y los pilotos tenían que aprender a anticipar cuándo tendrían potencia eléctrica y cuándo no. Kalle Rovanperä, con apenas 21 años, dominó esa primera temporada y se convirtió en el campeón del mundo más joven de la historia del rally.
El coche más barato que ganó una etapa WRC
Una de las anécdotas más improbables de la historia del rally ocurrió en el Rally de Gales de 1994, cuando un piloto privado con un Subaru Impreza de especificación básica, sin el apoyo del equipo oficial, ganó una etapa completa del campeonato del mundo. Venció a coches de fábrica con presupuestos millonarios. El piloto era desconocido. El coche costaba una décima parte que los rivales. Fue el día en que el rally demostró que, a veces, el talento y el conocimiento de la carretera pueden más que el dinero.