La homologación es el proceso mediante el cual la FIA certifica que un vehículo cumple todos los requisitos técnicos establecidos en el reglamento de su categoría y queda autorizado para competir en ella. Sin esta certificación, ningún coche puede tomar la salida en una prueba puntuable del WRC o de cualquier otro campeonato reconocido por la federación. La homologación garantiza que todos los vehículos de una misma categoría compiten dentro de unos parámetros similares, lo que preserva la igualdad de condiciones entre equipos.
El proceso comienza mucho antes de que el coche ruede en su primera competición. Los fabricantes o preparadores deben presentar ante la FIA la documentación técnica completa del vehículo: planos, especificaciones de los materiales, resultados de los test de resistencia de la célula de seguridad y cualquier otro elemento que el reglamento requiera. Los inspectores de la federación verifican que el coche físico coincide con esa documentación y realizan pruebas adicionales cuando el reglamento lo exige. El número de homologación que se emite al final de este proceso es el salvoconducto del coche para competir.
La homologación tiene una duración limitada: cada generación de reglamento técnico implica nuevas homologaciones para los coches que quieran seguir siendo competitivos. En el WRC, los cambios de reglamento se han producido con cierta frecuencia a lo largo de la historia del campeonato, obligando a fabricantes como Toyota, Hyundai o Ford a desarrollar coches completamente nuevos cada pocos años. El coste y la complejidad de estos procesos es uno de los factores que limita el número de fabricantes capaces de competir al máximo nivel del campeonato mundial.