Los saltos son uno de los elementos más llamativos y exigentes del rally. Se producen cuando el coche alcanza una cresta o un cambio brusco de pendiente a suficiente velocidad como para que las ruedas pierdan contacto con el suelo. En condiciones normales de conducción, la suspensión absorbe esas irregularidades sin levantar el coche; en rally, las velocidades son tan elevadas que el vehículo despega literalmente durante fracciones de segundo o, en los casos más espectaculares, durante varios segundos y decenas de metros de vuelo.
Gestionar bien los saltos requiere preparación técnica y valentía. El piloto debe conocer con exactitud la longitud del salto gracias a las notas del recce para calcular cuándo puede abrir el acelerador y cuándo debe estar listo para frenar nada más aterrizar. Una llegada al suelo con el coche girado o con los frenos aplicados puede suponer la pérdida de control o daños graves en la suspensión y los neumáticos. Los ingenieros trabajan en la configuración de la suspensión para maximizar la estabilidad tanto en el despegue como en el aterrizaje.
El Rally de Finlandia ha convertido los saltos en su seña de identidad más reconocible. Las pistas rápidas y onduladas de la región de Jyväskylä permiten vuelos de hasta cincuenta metros en algunos puntos, con coches que alcanzan los 180 o 190 km/h antes de la cresta. Estas imágenes han viajado por todo el mundo y han contribuido a que el rally sea percibido como uno de los deportes de motor más espectaculares. Los puntos de salto se señalizan en las notas con indicaciones específicas y, durante el evento, suelen ser los lugares donde se concentran más espectadores.