El pinchazo es uno de los contratiempos más temidos y frecuentes en el rally. A diferencia de otros deportes de motor donde los coches circulan por superficies preparadas y controladas, el rally se disputa sobre carreteras con piedras, gravilla, baches y elementos que pueden dañar los neumáticos en cualquier momento. Una piedra fuera de lugar, el borde de un talud o el impacto de una rueda contra una roca pueden provocar un desgarro en el caucho que obliga a parar y cambiar la rueda en medio del tramo.
La decisión de cambiar la rueda o continuar con el pinchazo es una de las más difíciles que debe tomar un piloto sobre la marcha. Si el pinchazo permite seguir circulando de forma controlada y el tramo está llegando a su fin, algunos pilotos optan por aguantar para no perder el tiempo del cambio. Si la rueda está completamente destruida, no hay opción: continuar sobre la llanta desnuda dañaría la suspensión y podría inutilizar el coche para los siguientes tramos. La lectura correcta de esa situación en décimas de segundo es parte del talento de los mejores pilotos.
El número de neumáticos que cada equipo puede utilizar durante un rally está regulado por el reglamento técnico de la FIA. Los equipos deben declarar con antelación cuántos neumáticos llevan y de qué tipo, y no pueden superar el máximo permitido. Esta restricción obliga a gestionar el stock con inteligencia: si se producen varios pinchazos en los primeros tramos, el equipo puede quedarse sin reservas suficientes para los últimos. La decisión de cuántas ruedas de repuesto cargar en el coche implica siempre un equilibrio entre seguridad ante imprevistos y el peso adicional que esas ruedas suponen.