El rally es una de las disciplinas del automovilismo más exigentes del mundo. A diferencia de las carreras en circuito, los competidores no se enfrentan directamente entre sí en la pista: cada equipo sale por separado y compite contra el cronómetro.
El formato de competición
Un rally se divide en varias jornadas que suelen durar entre dos y cuatro días. Durante esos días, los equipos encadenan una serie de tramos cronometrados (Special Stages o SS), que son los únicos momentos en que se compite a máxima velocidad. Entre un tramo y el siguiente hay zonas de enlace —carreteras abiertas al tráfico— por donde los coches deben circular respetando el código de circulación y llegando puntualmente a cada control de paso.
Los tramos cronometrados
Los Special Stages son el corazón del rally. Son carreteras cortadas al tráfico donde los coches salen de uno en uno con una diferencia de tiempo preestablecida —normalmente dos minutos— y recorren el tramo lo más rápido posible. El tiempo de cada tramo se suma para obtener el tiempo total del rally.
Piloto y copiloto
En el rally compiten dos personas dentro del mismo coche: el piloto y el copiloto. El piloto se encarga de conducir el vehículo al límite de sus capacidades. El copiloto, sentado a su derecha, lee en voz alta las notas de ritmo: un sistema de instrucciones que describe cada curva, recta y peligro del tramo para que el piloto pueda anticipar la trayectoria sin conocer la carretera de antemano.
Las zonas de enlace
Las zonas de enlace son los tramos de carretera abierta que unen los Special Stages. Durante estos recorridos, los equipos deben circular con matrícula y seguro en regla, respetar los límites de velocidad y llegar a cada punto de control en el tiempo exacto marcado por la organización. Un retraso conlleva penalización de tiempo.
Quién gana
Gana el rally el equipo que suma el menor tiempo total en todos los tramos cronometrados. Los tiempos de las zonas de enlace no cuentan para la clasificación, salvo en caso de penalización por llegar tarde a un control.