Cuando se describe el sepak takraw a alguien que nunca lo ha visto, la reacción habitual es incredulidad. “Debe ser exagerado”, “¿con el pie?”, “¿sin manos?”. Y entonces ven el vídeo. Y entienden por qué el sepak takraw tiene millones de seguidores en internet que no habían oído hablar de él hasta que les llegó el clip.
Un deporte que parece imposible
El golpe bicicleta —el remate icónico del sepak takraw— consiste en que el jugador salta, gira en el aire hasta quedar completamente invertido con las piernas por encima de la cabeza, y golpea la pelota con el pie hacia el campo contrario a una altura de más de dos metros. Todo esto en una fracción de segundo, con precisión milimétrica, y aterrizando sobre la espalda o los hombros.
Para quien no lo ha visto antes, parece imposible. Para quien lo ha visto mil veces, sigue siendo impresionante. Los jugadores de élite son capaces de repetir este movimiento decenas de veces en un solo partido, con una regularidad que solo se entiende cuando se sabe que llevan practicándolo desde los ocho o nueve años.
La comparación con las artes marciales
La semejanza entre los movimientos del sepak takraw y las artes marciales del Sudeste Asiático no es casual. El muay thai tailandés, el pencak silat indonesio y malasio y el musti yuddha birmano tienen patadas giratorias y movimientos acrobáticos que se solapan con los del sepak takraw. La región tiene una tradición multisecular de trabajo corporal con el pie como herramienta principal, y el sepak takraw es, en cierto sentido, la expresión deportiva de esa tradición.
Los jugadores de alto nivel de sepak takraw tienen un perfil físico que recuerda al de los artistas marciales: extremadamente flexibles, con una musculatura funcional y explosiva, capaces de controlar con precisión los movimientos del cuerpo en situaciones dinámicas complejas.
La preparación física detrás del espectáculo
Lo que los vídeos virales no muestran son las horas de entrenamiento que hay detrás de cada golpe bicicleta. Los jugadores de élite del Sudeste Asiático entrenan durante horas diarias desde la infancia: elasticidad, fuerza de salto, coordinación visomotora y trabajo específico de los movimientos acrobáticos, primero en colchonetas y luego con pelota.
En las academias de sepak takraw de Tailandia y Malasia, los niños aprenden primero a controlar la pelota con el pie en tierra, luego añaden altura, y finalmente trabajan los movimientos invertidos. El proceso lleva años. El resultado, cuando está terminado, es uno de los espectáculos deportivos más asombrosos del planeta.
Por qué no es olímpico todavía
Parte de la razón por la que el sepak takraw no ha llegado a los Juegos Olímpicos es precisamente su concentración geográfica en el Sudeste Asiático. El COI requiere una difusión genuinamente global para incluir un deporte en el programa olímpico. Pero el factor viral de internet está cambiando las reglas del juego: cuando un deporte llega a millones de personas en todo el mundo a través de un vídeo, la categoría de “deporte regional” empieza a no tener mucho sentido.