Hay pocas disputas en el deporte tan cargadas de identidad nacional como la que mantienen Tailandia y Malasia sobre cuál de los dos inventó el sepak takraw. No es una discusión académica de historiadores: es un debate activo, presente en los medios de comunicación de ambos países, en los libros de texto escolares y en la forma en que cada nación narra la historia de su propio deporte nacional.
Dos nombres, un mismo juego (más o menos)
La pelota de ratán tejido y el juego de pasársela con los pies existe en toda la región del Sudeste Asiático desde hace siglos. En Tailandia se llamaba takraw. En Malasia se llamaba sepak raga (golpear la cesta). En Myanmar, chin lone. En Filipinas, sipa. En Laos e Indonesia, variantes locales con sus propios nombres.
El hecho de que el nombre oficial actual del deporte —sepak takraw— combine la palabra malaya sepak (golpear con el pie) y la palabra tailandesa takraw (pelota de ratán) es, en sí mismo, un reflejo del compromiso que los dos países tuvieron que alcanzar cuando fundaron la ISTAF en 1988. Ninguno cedió su nombre; los dos aportaron uno. El resultado es un nombre compuesto que reconoce implícitamente la copaternidad.
Los argumentos de cada lado
El argumento tailandés: Tailandia fue uno de los primeros países en codificar reglas escritas del sepak takraw moderno con red, alrededor de los años 1930, bajo el reinado de Rama VI o Rama VII. La Copa del Rey de Sepak Takraw, uno de los torneos más antiguos del mundo, existe en Tailandia desde décadas antes de que se creara la ISTAF. El takraw es considerado patrimonio cultural inmaterial tailandés.
El argumento malasio: En Malasia, el sepak raga tiene una historia documentada que se remonta al sultanato de Malacca en el siglo XV. Hay crónicas malasias del período medieval que mencionan el juego de ratán como entretenimiento en las cortes reales. Además, la ISTAF tiene su sede en Kuala Lumpur, lo que Malasia interpreta como un reconocimiento de su papel central en la institucionalización del deporte.
Myanmar: el tercer reclamante silencioso
A menudo olvidado en el debate tailandés-malasio, Myanmar tiene también una tradición antiquísima en el juego de ratán. El chin lone birmano es probablemente la forma más pura y antigua del takraw: cooperativo, artístico, practicado por hombres y mujeres, con énfasis en la elegancia del movimiento por encima del resultado competitivo. Myanmar raramente entra en la disputa de la paternidad pero su tradición habla por sí sola.
El impacto en el deporte
La rivalidad histórica se traduce en una intensidad competitiva extraordinaria cada vez que Tailandia y Malasia se enfrentan en el campo. Los jugadores de ambas selecciones son plenamente conscientes de lo que representa ese partido: no solo dos medallas o un título, sino el argumento deportivo más reciente en una discusión que lleva generaciones abierta.
Curiosamente, esta rivalidad ha sido positiva para el deporte: la competencia entre dos grandes que se disputan la hegemonía ha elevado el nivel general del sepak takraw y ha impulsado a ambos países a invertir más en el desarrollo de sus jugadores y sus estructuras de competición.