Si el skyrunning tiene una catedral, esa catedral está en el País Vasco. La Zegama-Aizkorri no es solo la carrera de skyrunning más prestigiosa del mundo: es uno de esos eventos deportivos que trasciende el resultado y la clasificación para convertirse en una experiencia cultural única, en algo que quienes la han vivido —como corredores o como espectadores— no olvidan fácilmente.
El recorrido: 42 km de pura exigencia
La carrera parte del pueblo de Zegama, en Gipuzkoa, y durante 42 kilómetros y 4.300 metros de desnivel positivo recorre el corazón del macizo del Aizkorri, la alineación montañosa más alta del País Vasco. El punto más alto del recorrido es el Aizkorri (1.551 m), que da nombre al macizo, aunque la acumulación de desnivel y la calidad del terreno hacen que la carrera sea mucho más exigente de lo que su cota máxima pudiera sugerir.
El recorrido está diseñado para hacer sufrir. Las subidas son brutalmente empinadas, con tramos de hierba húmeda y resbaladiza que convierten el ascenso en una lucha donde los brazos son tan importantes como las piernas. Los descensos, igualmente técnicos, exigen precisión y confianza en el terreno mojado. Y todo esto en condiciones meteorológicas que en el mes de mayo pueden incluir niebla espesa, lluvia atlántica o una primavera radiante, a veces las tres cosas en el mismo día.
La línea de meta está en Aizkorri, lo que significa que la carrera termina en lo alto de la montaña. Esta decisión de los organizadores —que la meta esté en la cima y no en el pueblo— es una declaración de principios sobre lo que es el skyrunning: llegar a la cumbre es el objetivo, no volver a la civilización.
La atmósfera: por qué la llaman “el Wimbledon del skyrunning”
El término “Wimbledon del skyrunning” no hace referencia al prestigio como competición —aunque Zegama tiene más que de sobra— sino a algo mucho más difícil de cuantificar: la atmósfera. Wimbledon tiene un tipo de público, una forma de ver el tenis y una mística propia que ningún otro gran slam reproduce. Zegama tiene algo similar con el skyrunning.
Los txokos vascos —los grupos gastronómicos y culturales que son parte fundamental de la sociedad civil vasca— organizan cada año sus salidas a los puntos más espectaculares del recorrido. El público no espera tranquilamente a que pasen los corredores: los acompaña, los empuja, les grita con una intensidad que en ciertos tramos recuerda más a un partido de pelota vasca que a una carrera de montaña. En la subida al Aizkorri, los más fieles llevan cencerros, txistus y banderas, y el ruido que generan puede escucharse desde varios kilómetros de distancia.
Los avituallamientos de la Zegama-Aizkorri son legendarios en el circuito. No se trata de mesas con geles y agua: hay cazuelas de caldo caliente, embutidos, fruta, productos locales y un ambiente de fiesta popular que hace que algunos corredores más rezagados confiesen que el mayor peligro de la carrera es la tentación de quedarse a comer en lugar de seguir corriendo.
Todo esto crea una experiencia que los corredores describen como diferente a cualquier otra carrera del mundo. El skyrunning es habitualmente un deporte de soledad y silencio en la montaña; Zegama es el polo opuesto: una celebración colectiva donde el corredor y el público forman parte del mismo espectáculo.
Los campeones que hicieron historia
La Zegama-Aizkorri ha producido algunos de los duelos más emocionantes de la historia del skyrunning. En el palmarés masculino, Kílian Jornet es el rey indiscutible: sus victorias en la carrera fueron determinantes en sus títulos del Skyrunner World Series y sus actuaciones en Zegama se convirtieron en la referencia de la élite durante años. Pero la carrera ha tenido también campeones como el italiano Marco De Gasperi, el keniano Jonathan Albon o el americano Eli Gordon, que han escrito páginas importantes en la historia de la prueba.
En la categoría femenina, la española Maite Maiora y las italianas Emanuela Brizio y Stevie Kremer han sido de las grandes dominadoras históricas de la prueba, con actuaciones que en algunos años han acercado los tiempos femeninos a los masculinos de forma llamativa.
El sistema de lotería: un dorsal que vale oro
La demanda para participar en la Zegama-Aizkorri es tan superior a la oferta de dorsales que la organización adoptó hace años el sistema de lotería como único método de asignación. Cada año, miles de corredores de todo el mundo —con un porcentaje creciente de participantes internacionales— se inscriben en el sorteo esperando conseguir uno de los aproximadamente 600-700 dorsales disponibles para la carrera principal.
El sistema de lotería ha generado debate en la comunidad: algunos corredores argumentan que debería existir una prioridad para quienes llevan años intentando participar sin conseguir dorsal, mientras que la organización defiende que la lotería garantiza igualdad de oportunidades. Lo que nadie discute es que la altísima demanda es el mejor indicador del lugar que ocupa Zegama en el olimpo del skyrunning mundial.
Más que una carrera: un rito colectivo
La Zegama-Aizkorri no es solo una competición deportiva: es un acontecimiento que define el calendario social y festivo de la comarca durante semanas. El sábado de la carrera, el pueblo de Zegama vive uno de sus días del año más intensos: restaurantes llenos, familias en la montaña, comunidades de corredores de toda Europa que han convertido Zegama en destino de peregrinaje anual.
Para muchos skyrunners, conseguir el dorsal y completar la Zegama-Aizkorri es un objetivo de vida. Para otros, simplemente estar en la montaña como espectadores, ayudando a empujar a los corredores en la subida al Aizkorri, es suficiente para entender por qué este rincón del País Vasco se ha convertido en la capital mundial del skyrunning.