En 1997, la revista Forbes publicó un artículo que sacudió el mundo del deporte: tras analizar 60 actividades deportivas según criterios como la salud cardiovascular, la quema de calorías, la tonificación muscular, la flexibilidad y el riesgo de lesión, el squash emergió como el deporte más saludable del planeta. Veinticinco años después, los estudios científicos siguen confirmando ese veredicto.
Los números que explican el fenómeno
En un partido de squash de 40 minutos a intensidad media-alta, un jugador adulto puede quemar entre 600 y 1000 calorías. Para entender la magnitud de ese dato, hay que compararlo: una hora de fútbol quema entre 400 y 600 calorías; una hora de tenis, entre 300 y 500; una hora de natación intensa, entre 500 y 700. El squash comprime una cantidad de trabajo físico colosal en un tiempo muy reducido.
La razón está en la naturaleza del juego. A diferencia del tenis, donde hay momentos de espera entre puntos, o del fútbol, donde muchos jugadores tienen periodos de baja actividad, el squash obliga a un movimiento casi continuo en un espacio de apenas 6,4 por 9,75 metros. En un partido de alto nivel, los jugadores cambian de dirección unas 400 veces por cada diez minutos de juego. El corazón trabaja sistemáticamente entre el 80% y el 90% de su frecuencia máxima.
Más que cardio: un entrenamiento completo
El squash no solo es un ejercicio cardiovascular excepcional. El juego requiere y desarrolla de manera simultánea la agilidad, la coordinación ojo-mano, la potencia muscular de piernas y caderas, la fuerza de brazos y hombros y la resistencia mental para mantener la concentración en condiciones de fatiga intensa.
Los estudios también destacan el componente cognitivo: cada punto de squash es un pequeño problema táctico que resolver en tiempo real. A qué pared dirigir la pelota, cómo posicionarse para anticipar el retorno del adversario, cuándo arriesgar y cuándo jugar seguro. Esta estimulación continua del cerebro hace del squash un ejercicio también para la mente.
La trampa de la intensidad
El mismo factor que hace al squash tan beneficioso lo convierte en un deporte con riesgos si no se practica con precaución. La intensidad cardiovascular que lo caracteriza puede ser peligrosa para personas con hipertensión o enfermedades cardíacas no diagnosticadas. Se han registrado casos de paradas cardíacas en pistas de squash, generalmente en jugadores ocasionales de mediana edad que se sometían a esfuerzos para los que no estaban preparados.
La recomendación de los médicos deportivos es siempre la misma: si se va a comenzar a practicar squash después de los 40 años o tras un período de inactividad, una revisión médica previa es fundamental. El squash es el deporte más saludable del mundo, pero como cualquier herramienta poderosa, exige ser usado correctamente.
El secreto mejor guardado del deporte
A pesar de todas estas virtudes, el squash sigue siendo un deporte relativamente desconocido para el gran público, muy por detrás del tenis o el pádel en número de practicantes. Paradójicamente, quienes lo practican tienden a ser extremadamente fieles: la combinación de ejercicio físico intenso, estimulación mental y la satisfacción de mejorar progresivamente en un deporte técnicamente exigente crea una adherencia difícil de encontrar en otras actividades.