Nueve años en el número uno del mundo. Ocho títulos del Campeonato del Mundo. Un palmarés que ninguna otra jugadora de squash ha igualado. Nicol Ann David, nacida en Penang (Malasia) en 1983, no es solo la mejor jugadora de squash de la historia: es una de las deportistas más dominantes del siglo XXI en cualquier disciplina.
Su historia es también la de un deporte que encontró en Asia a sus mejores practicantes, demostrando que el squash, nacido en los colegios del Imperio Británico, pertenece ahora al mundo entero.
Una niña prodigio en Penang
Nicol David descubrió el squash a los ocho años en el club deportivo al que su padre, un ingeniero aficionado al deporte, llevaba a la familia los fines de semana. Las instalaciones del club tenían pistas de squash, y la pequeña Nicol quedó inmediatamente fascinada. A los doce años ya entrenaba con dedicación semi-profesional y sus entrenadores describían un talento excepcional combinado con una ética de trabajo que raramente se ve en alguien tan joven.
A los quince años representó a Malasia en los Campeonatos del Mundo junior y ganó el título. Repitió el año siguiente. Su transición al circuito de adultas fue inmediata y sin vacilaciones: en 2005, con 21 años, ganó su primer título del Campeonato del Mundo en el momento en que las grandes dominadoras del squash femenino —la inglesa Sarah Fitz-Gerald, la australiana Carol Owens— terminaban sus carreras.
Nueve años en la cima: la era Nicol David
Entre agosto de 2006 y julio de 2015, Nicol David fue número uno del mundo sin interrupción. 108 meses en lo más alto del ranking. El dato es tan extraordinario que requiere un momento de contemplación: durante nueve años, ninguna jugadora en el mundo fue capaz de desplazarla de la primera posición en el escalafón mundial.
Su juego combinaba una velocidad de pies excepcional con una técnica de golpeo que sus entrenadores y rivales describían como la más cercana a la perfección que el squash femenino había producido. David tenía respuesta para cada situación: en los momentos de presión máxima, cuando el partido se decidía en unos pocos puntos, su capacidad de mantener la calidad de su juego era claramente superior a la de sus rivales.
Ganó sus ocho títulos mundiales en los torneos de 2005, 2006, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012 y 2014. El gap temporal de 2007 y 2013 no implica derrotas: en 2007 el torneo no se celebró y en 2013 fue eliminada por la jugadora que eventualmente se convertiría en su sucesora, la egipcia Nour El Sherbini.
El deporte como diplomacia
La dimensión que va más allá del deporte en la historia de Nicol David tiene que ver con lo que su éxito significó para Malasia y para Asia en general. En un continente donde el squash no tiene la arraigada tradición de Gran Bretaña o Pakistán, ver a una malaya dominar el deporte durante casi una década fue un catalizador para el crecimiento del squash en la región.
El gobierno malayo la reconoció con los máximos honores deportivos. En 2011, el COI la nombró la atleta femenina del año, un reconocimiento excepcional para una deportista de un deporte que no forma parte del programa olímpico. En Malasia es, sencillamente, la mayor deportista de la historia del país.
El relevo: la era egipcia
La sucesora de Nicol David en el trono del squash femenino llegó en forma de una nueva generación de jugadoras egipcias encabezadas por Nour El Sherbini, que le arrebató el número uno en 2015 y desde entonces ha dominado el circuito femenino con una autoridad que recuerda a la de la propia David en sus mejores años. El relevo del dominio malayo al dominio egipcio en el squash femenino es uno de los capítulos más interesantes de la historia reciente del deporte, y dice mucho sobre la globalización del squash y sobre cómo los países que más invierten en el talento joven acaban cosechando los mayores éxitos.