Existe un club muy exclusivo en el mundo del deporte: el de los deportes que se practican en más de 150 países, con millones de aficionados, competiciones mundiales consolidadas y una federación internacional perfectamente organizada, y que aún así no forman parte del programa olímpico. El squash ha pertenecido a ese club durante décadas, protagonizando uno de los rechazos más insólitos y repetidos de la historia del olimpismo.
Un historial de candidaturas fallidas
El squash presentó su primera candidatura formal para los Juegos de Barcelona 1992. Fue rechazada. Volvió a intentarlo para Atlanta 1996. Rechazada. Sydney 2000. Rechazada. Atenas 2004. Rechazada. Pekín 2008. Rechazada. Londres 2012. Rechazada. Río 2016. Rechazada. Tokio 2020. Rechazada. París 2024. Rechazada.
Es una letanía de negativas que habría hundido a cualquier organización menos persistente. La World Squash Federation, lejos de rendirse, ha revisado y mejorado su candidatura en cada ciclo, respondiendo punto por punto a las objeciones del Comité Olímpico Internacional.
Los argumentos del COI
Los motivos alegados por el COI para rechazar el squash han ido cambiando con los años, lo que sugiere que no hay un obstáculo único sino una suma de factores:
El primero y más citado históricamente ha sido el televisivo. La pista de squash, con sus paredes transparentes o de cristal, resulta difícil de iluminar de manera uniforme para la televisión. La pelota, negra y pequeña, es difícil de seguir en pantalla. La acción es muy rápida y el espacio muy reducido, lo que limita los ángulos de cámara. Estos problemas técnicos son reales, aunque la tecnología televisiva ha avanzado mucho desde los primeros rechazos.
El segundo argumento ha sido la distribución geográfica del deporte. El squash de élite estuvo históricamente dominado por Egipto, Gran Bretaña, Australia, Malasia y Pakistán. El COI prefiere deportes con una distribución más equilibrada entre continentes, aunque este argumento es cuestionable si se compara con otros deportes olímpicos con distribuciones igualmente concentradas.
La gran paradoja
Lo que convierte este caso en genuinamente paradójico es que el squash cumple con creces los criterios formales del olimpismo. Está reconocido por el COI. Tiene presencia en más de 185 países. Sus campeonatos mundiales tienen décadas de historia. Genera atletas de primer nivel con carreras largas y dedicación absoluta.
Y sin embargo, deportes con implantación geográfica más limitada o con historial más corto han sido incluidos antes. El breakdance, por ejemplo, fue incluido en el programa de Paris 2024 tras una candidatura mucho más breve.
La luz al final del túnel
Para los Juegos de Los Ángeles 2028, el squash fue finalmente incluido en el programa olímpico. El anuncio generó una celebración en la comunidad del squash que solo puede entenderse después de tres décadas de puertas cerradas. Será un debut muy esperado, y probablemente el inicio de una nueva era para un deporte que ha demostrado una capacidad de resiliencia institucional sin precedentes en el mundo deportivo.