El squash tiene la reputación de ser uno de los deportes más exigentes físicamente del mundo, y los datos la avalan. La combinación de espacio pequeño (el jugador no puede alejarse del juego como en tenis), pelota muy rápida (que requiere reacciones instantáneas), intercambios de alta intensidad y partidos que pueden durar horas crea un perfil de exigencia física excepcional. No es raro que los jugadores de squash quemen más de 1000 calorías en un partido de nivel competitivo.
La particularidad del squash es la exigencia multidireccional y constante. Los jugadores se mueven en todas las direcciones (adelante, atrás, lateralmente, en diagonal) con cambios de dirección que se producen cada segundo o dos. El espacio pequeño de la pista (9,75 x 6,4 metros) significa que nunca hay una pausa de desplazamiento: el jugador siempre está arrancando, frenando o cambiando de dirección. Este tipo de esfuerzo intermitente de alta frecuencia es extremadamente exigente para el sistema cardiovascular y muscular.
Las piernas son el elemento físico más determinante en squash. Los cuádriceps, los isquiotibiales y los gemelos trabajan sin descanso durante todo el partido. Las rodillas y los tobillos absorben los impactos de los cambios de dirección y los saltos. Las lesiones de rodilla (especialmente las del ligamento cruzado anterior) y de tobillo son las más comunes entre los jugadores de squash, lo que refleja la carga que se pone en las articulaciones inferiores.
El entrenamiento físico específico para squash
Los entrenadores de squash trabajan específicamente la potencia de piernas para los arranques explosivos, la resistencia aeróbica para mantener la intensidad a lo largo del partido, la agilidad multidireccional con ejercicios de cambios de dirección y el trabajo de core para la estabilidad en los golpes. Los circuitos de “fantasma” (ghost training), donde el jugador se mueve a las cuatro esquinas de la pista sin pelota siguiendo un patrón, son una herramienta fundamental del entrenamiento físico de squash.
El squash y la edad de los campeones
El squash de alto nivel requiere tal nivel de condición física que los jugadores raramente mantienen el máximo rendimiento más allá de los 35 años. Los jugadores profesionales llegan a su pico entre los 25 y los 32 años, cuando combinan experiencia táctica con la condición física óptima. El mantenimiento de esa condición física con el paso de los años es uno de los grandes retos del squash profesional.