El squash es uno de los deportes de raqueta más exigentes físicamente. Se juega en una pista cerrada de cuatro paredes donde los jugadores se turnan para golpear la pelota contra la pared frontal, intentando que el rival no pueda devolverla antes de que bote dos veces en el suelo.
La pista
La pista de squash es un recinto cerrado de 9,75 metros de largo por 6,4 metros de ancho. Las paredes son las siguientes:
- Pared frontal: la principal. Tiene varias líneas horizontales que delimitan las zonas de juego y el tin (una franja metálica en la parte inferior, equivalente a la red del tenis).
- Paredes laterales: tienen una línea inclinada que baja desde la parte alta (junto a la pared frontal) hasta la parte baja (junto a la pared trasera). Toda pelota que toque por encima de esta línea está “fuera”.
- Pared trasera: la más baja. También tiene una línea exterior en la parte superior.
La raqueta y la pelota
La raqueta de squash es más pequeña y ligera que la de tenis. El cordaje es más tenso para controlar la potencia de la pelota, que es muy pequeña y de goma. La pelota debe calentarse durante el juego para adquirir la elasticidad adecuada.
El sistema de puntuación PAR
El squash profesional utiliza el sistema PAR (Point-A-Rally): cada rally puntúa, independientemente de quién haya sacado. Cada juego se juega a 11 puntos, y si hay empate a 10, se continúa hasta que uno de los jugadores logre una ventaja de 2 puntos.
El formato del partido
Un partido de squash se juega al mejor de 5 juegos. El primero en ganar 3 juegos gana el partido. En torneos de menor nivel o en partidas informales es habitual jugar al mejor de 3.
Cómo se gana un rally
El objetivo de cada rally es golpear la pelota de forma que el rival no pueda devolverla. La pelota debe botar en la pared frontal en cada golpe y puede tocar las paredes laterales o trasera en su trayecto. El jugador que no consiga devolver la pelota antes de su segundo bote en el suelo pierde el rally.