El lanzamiento de disco es una de las pruebas más antiguas y elegantes del atletismo, con un linaje que se remonta directamente a los Juegos Olímpicos de la Antigüedad. El famoso Discobolos de Mirón, escultura griega del siglo V a.C., representa a un atleta en plena acción de lanzamiento y es uno de los iconos más reconocibles de la cultura deportiva clásica.
La técnica del lanzamiento de disco es radicalmente diferente a la de la jabalina o el martillo. El atleta parte de una posición estática en el centro del círculo y realiza un giro y medio sobre sí mismo antes de soltar el disco. Durante este giro, el centro de gravedad debe mantenerse bajo y la velocidad angular debe aumentar de forma controlada hasta el momento del lanzamiento, cuando toda esa energía cinética se transfiere al disco a través del brazo extendido. El disco no se lanza: se deja ir en el momento exacto en que la posición y la velocidad son óptimas.
Los récords mundiales del disco masculino y femenino son de una longevidad extraordinaria: ambos proceden de la Alemania Oriental de los años 80, una época en la que el atletismo de ese país estaba marcado por programas de dopaje sistemático reconocidos a posteriori. Esta sombra hace que esos récords sean considerados por muchos como inalcanzables de forma limpia. En los últimos años, lanzadores como el lituano Virgilijus Alekna o el estadounidense Ryan Crouser han dominado la disciplina sin acercarse a esas marcas históricas.