El lanzamiento de jabalina es una de las pruebas más antiguas del atletismo, con raíces en los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, donde el lanzamiento de lanza era una disciplina fundamental del pentatlón griego. En su versión moderna, la jabalina combina velocidad de carrera, fuerza de tronco y hombro, y una técnica depurada de transferencia de energía para lograr el mayor alcance posible.
La técnica del lanzamiento se basa en una carrera de aproximación de unos 30-35 metros, durante la cual el atleta coge impulso y gira el tronco hacia atrás para almacenar energía. En el último paso, esa energía se transfiere en cadena desde las piernas hasta el hombro y el brazo en una secuencia muy precisa. El ángulo de salida ideal es de aproximadamente 35-38 grados, y la punta de la jabalina debe apuntar ligeramente hacia abajo para que el impacto sea con la punta y la marca sea válida.
El récord masculino lo ostenta Jan Železný, el excepcional lanzador checo que con la jabalina rediseñada alcanzó los 98,48 metros en Jena en 1996, una marca que lleva más de veinte años vigente. En la categoría femenina, la checoslovaca Barbora Špotáková posee el récord mundial con 72,28 metros. España tiene en Fernando Atzori y Fatima Ayil referencias recientes de la jabalina, aunque la prueba no ha generado medallistas olímpicos españoles en la era moderna.