La marcha atlética es una de las disciplinas más exigentes y controvertidas del atletismo. Su característica principal —que siempre haya contacto con el suelo— la diferencia radicalmente de la carrera y la convierte en un esfuerzo técnico sostenido durante decenas de kilómetros. A alta intensidad, mantener esta técnica correctamente es extremadamente difícil, lo que hace que la línea entre marcha y carrera sea constantemente vigilada y cuestionada.
La técnica correcta exige dos condiciones simultáneas: la pierna de apoyo debe estar completamente extendida en el momento en que pasa bajo el cuerpo del atleta, y debe existir contacto visual con el suelo en todo momento. Los jueces de ruta evalúan continuamente a los atletas y tienen potestad para amonestar con tarjeta amarilla cuando detectan infracción. Tres tarjetas rojas de tres jueces diferentes suponen la descalificación. El sistema ha generado polémicas porque la fase de vuelo a alta velocidad es prácticamente imposible de detectar a simple vista.
España ha sido una potencia histórica mundial en marcha atlética. Figuras como Robert Korzeniowski (Polonia), pero sobre todo los españoles Daniel Plaza, Valentí Massana, Paquillo Fernández, Juan Manuel Molina, Miguel Ángel López o María Vasco han protagonizado algunos de los mejores resultados olímpicos y mundiales en esta disciplina. La marcha ha sido y sigue siendo una de las pruebas donde España compite de forma sistemática por las medallas más importantes del atletismo.