El testigo es el protagonista silencioso de las pruebas de relevos: un simple cilindro que debe recorrer la distancia completa pasando por las manos de cuatro atletas sin tocar el suelo ni ser entregado fuera de los límites reglamentarios. Pese a su aparente simplicidad, el testigo concentra la mayor fuente de errores y descalificaciones en las pruebas de relevos internacionales.
La técnica de entrega del testigo tiene dos variantes principales. El cambio visual es el más seguro: el receptor mira al portador, abre la mano cuando este llega y agarra el testigo en posición de control. El cambio ciego o volante es el más rápido: el receptor empieza a correr a máxima velocidad sin mirar atrás, extiende el brazo hacia atrás con la palma abierta y recibe el testigo por la orden del portador. Esta segunda técnica, perfeccionada al máximo por potencias del 4x100m como Jamaica o Estados Unidos, puede suponer una ganancia de varios metros respecto al cambio visual.
En competiciones de alto nivel, la elección de quién corre cada tramo es también estratégica. El primer corredor debe tener buena salida y manejar bien el testigo desde los tacos; el segundo y tercer corredor suelen ser los más rápidos; el cuarto, el más resistente mentalmente. El orden puede variar según las características de la pista (curvas vs. rectas) y el perfil físico de cada atleta.