El triple salto es una prueba de coordinación, potencia y resistencia a los impactos. Las tres fases encadenadas —hop, step y jump— exigen que el atleta mantenga la velocidad y la posición del cuerpo en tres aterrizajes sucesivos antes del salto final al foso. Cada aterrizaje genera fuerzas de impacto sobre los miembros inferiores muy superiores al peso corporal del atleta, por lo que las lesiones de rodilla, tobillo y tendones son muy frecuentes en especialistas de esta prueba.
La distribución ideal de las tres fases varía según el atleta y el estilo de salto. En términos generales, el hop supone entre el 37 y el 38% de la distancia total, el step entre el 29 y el 31%, y el jump entre el 31 y el 33%. Mantener la velocidad entre fases es tan importante como la potencia de cada batida individual: un exceso de potencia en el hop que frena demasiado la carrera resulta en un triple salto más corto que uno con fases más equilibradas y fluidas.
El récord de Jonathan Edwards (18,29 metros en 1995) es una de las marcas más admiradas del atletismo: fue conseguido en dos saltos consecutivos en la misma final del Mundial de Gotemburgo, lo que le convierte en una actuación histórica irrepetible. El cubano Pedro Pérez Dueñas, el soviético Viktor Saneev y el brasileño Christian Taylor son otros nombres legendarios de esta disciplina. En el triple salto femenino, la ucraniana Inessa Kravets ostenta el récord mundial con 15,50 metros.