Las pruebas de vallas combinan la velocidad de las carreras lisas con la exigencia técnica de superar obstáculos con la mayor eficiencia posible. A diferencia de lo que podría parecer, los atletas de vallas no “saltan” las vallas en el sentido literal: el objetivo es franquearlas con el menor tiempo de vuelo posible, manteniendo el ritmo de zancada sin interrupciones. La técnica de paso de valla —con la pierna de ataque extendida y la pierna de arrastre doblada y abierta lateralmente— es uno de los gestos técnicos más específicos del atletismo.
Las tres pruebas olímpicas principales son los 110m vallas masculinos, los 100m vallas femeninos y los 400m vallas (ambos géneros). En las pruebas cortas, la capacidad de mantener el ritmo de zancada entre vallas —exactamente tres zancadas en condiciones óptimas— es fundamental. Cualquier desequilibrio obliga a ajustar el paso y puede costar décimas de segundo. En los 400m vallas, la distribución del esfuerzo y la capacidad de cambiar de pierna de ataque en las últimas vallas son diferencias clave entre atletas de élite.
Entre los nombres históricos de las vallas destacan Edwin Moses, que dominó los 400m vallas entre 1977 y 1987 ganando 122 carreras consecutivas, y más recientemente Karsten Warholm, quien en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 estableció el récord mundial de 400m vallas con 45,94 segundos, una marca que parecía inalcanzable en su época.