La cargada, o clean en terminología anglosajona, es la primera de las dos fases del dos tiempos y puede considerarse por sí misma un levantamiento completo con una dificultad técnica enorme. El atleta parte con la barra en el suelo, agarre a la anchura de los hombros, y ejecuta el mismo patrón explosivo que en la arrancada —primer tirón desde el suelo, segundo tirón en la zona de caderas— pero con la diferencia fundamental de que la barra solo necesita alcanzar la altura del pecho. Al llegar a ese punto, el atleta gira los codos hacia adelante con rapidez y cae bajo la barra en una sentadilla profunda, recibiendo la carga apoyada en los hombros y la clavícula.
La velocidad del giro de codos —lo que los entrenadores llaman el «rebote» de muñecas o el «catch»— es uno de los gestos más difíciles de automatizar para los practicantes noveles. Si los codos llegan tarde, la barra rebota sobre el pecho en lugar de quedar fija, y la posición se vuelve inestable. Si el atleta no baja lo suficiente en la sentadilla, la posición de recepción queda alta y el peso que se puede manejar disminuye. Los mejores halterofilos del mundo reciben barra enormemente pesada en una sentadilla tan profunda que los glúteos casi tocan los talones.
La cargada también existe como movimiento independiente en programas de acondicionamiento físico y en el culturismo funcional, donde se practica en variantes como el hang clean —sin partir desde el suelo— o el power clean con recepción alta. En halterofilia olímpica, sin embargo, la cargada nunca se puntúa de forma aislada: solo tiene valor como paso previo a un envión exitoso que complete el dos tiempos.