El intento es la unidad básica de la competición en halterofilia. Cada atleta tiene exactamente tres intentos en la arrancada y tres en el dos tiempos, lo que da un total de seis oportunidades durante toda la competición. La elección del peso en cada intento es una decisión táctica que el entrenador y el atleta planifican minuciosamente: el primer intento suele ser conservador para asegurar un levantamiento válido y empezar a construir el total, el segundo supone un escalón intermedio y el tercero busca el record personal o un peso que pueda cambiar la clasificación.
El orden en que los atletas realizan sus intentos no es fijo sino que depende del peso solicitado: siempre sube primero quien pide el peso más bajo. Esta regla crea una dinámica interesante en competición, porque los atletas conocen en tiempo real los pesos que están solicitando sus rivales y pueden ajustar estratégicamente su propia progresión. Un equipo bien organizado puede utilizar esta información para presionar al rival a solicitar pesos incómodos o para conservar energía pidiendo saltos más grandes.
La validez de un intento depende de la decisión de los tres jueces laterales, que votan de forma simultánea con banderas o luces blancas (válido) y rojas (inválido). El veredicto mayoritario es el que cuenta. Entre los criterios de invalidación están soltar la barra antes de la señal, no extender completamente los codos, doblar las rodillas durante la fase de recepción en la arrancada o dar pasos fuera del área delimitada. Estas reglas hacen que incluso un levantamiento físicamente impresionante pueda ser rechazado por un tecnicismo.