La International Weightlifting Federation, conocida por sus siglas IWF, es la autoridad máxima de la halterofilia olímpica a escala mundial. Con sede histórica en Budapest, Hungría, agrupa a más de 190 federaciones nacionales y es la responsable de establecer el reglamento técnico que define cómo se ejecutan y juzgan los levantamientos, qué categorías de peso existen, qué equipamiento es homologado para la competición y bajo qué condiciones se reconocen los records mundiales. Sin la aprobación de la IWF, ningún resultado tiene validez en el circuito internacional.
La historia de la IWF es inseparable de la historia del deporte durante el siglo XX. Durante la Guerra Fría fue escenario de rivalidades geopolíticas intensas, con las potencias del bloque soviético —especialmente la URSS y Bulgaria— y los países occidentales compitiendo por supremacía en la halterofilia como extensión de sus disputas ideológicas. Desde los años noventa el centro de gravedad del deporte se desplazó hacia Asia, con China convirtiéndose en la potencia dominante, y hacia el Cáucaso, con Georgia, Armenia y Azerbaiyán produciendo halterofilos de primer nivel mundial.
En el siglo XXI la IWF se ha enfrentado a sus mayores desafíos institucionales como consecuencia del dopaje. El análisis retrospectivo de muestras de orina almacenadas de los Juegos de 2008 y 2012 reveló un nivel de dopaje alarmante en numerosas selecciones nacionales, lo que derivó en la retirada masiva de medallas y en sanciones colectivas sin precedentes. Estos eventos dañaron la reputación del deporte y complicaron su posición en el programa olímpico, obligando a la IWF a emprender reformas de gobernanza y transparencia que continúan en la actualidad.