El powerlifting es la disciplina hermana de la halterofilia dentro de los deportes de fuerza con barra. Surgió en los años cincuenta y sesenta en Estados Unidos como alternativa a los levantamientos olímpicos, con tres movimientos que los practicantes consideraban más accesibles y más directamente relacionados con la fuerza máxima pura: la sentadilla trasera, el press de banca y el peso muerto. En competición se disputan tres intentos en cada movimiento y la suma de los mejores válidos genera el total, que es el marcador definitivo, de forma análoga al total olímpico de la halterofilia.
Las exigencias atléticas del powerlifting son diferentes pero no menores. La sentadilla de powerlifting de nivel élite supera los 400 kg en categorías pesadas, el press de banca los 300 kg y el peso muerto roza y supera los 400 kg en varios atletas de la historia. La velocidad de ejecución es menor que en los levantamientos olímpicos, pero la tensión muscular sostenida durante segundos con cargas tan extremas genera unas demandas de fuerza absoluta que la halterofilia no requiere. Ambos deportes tienen sus propias élites con perfiles físicos claramente diferenciados.
En el entrenamiento moderno de halterofilia, muchos entrenadores incluyen trabajo de powerlifting —especialmente sentadilla y peso muerto— como complemento de fuerza. La lógica es que una mayor reserva de fuerza máxima permite al halterofilo ejecutar sus movimientos explosivos con mayor margen de seguridad y mayor potencial de mejora. Sin embargo, la especificidad es importante: más allá de cierto punto, entrenar como powerlifter puede entrar en conflicto con las adaptaciones neuromusculares específicas que requiere la velocidad de la halterofilia.