El ne-waza es el trabajo en el suelo del judo y representa la otra mitad del arte marcial fundado por Jigoro Kano. Mientras que el nage-waza busca proyectar al rival y hacerle caer, el ne-waza toma el relevo cuando el combate se desarrolla en el tatami: su objetivo es inmovilizar al rival el tiempo suficiente para obtener ippon, o bien aplicar una técnica de control articular o de estrangulamiento que le obligue a rendirse.
El ne-waza se divide en tres familias de técnicas. El osaekomi-waza agrupa las inmovilizaciones: posiciones de control sobre el rival en las que el judoka debe mantener el dominio físico sin que el contrario pueda escapar. El tiempo determina la puntuación: 10 segundos equivalen a waza-ari, 20 segundos a ippon. El kansetsu-waza incluye las llaves articulares, limitadas en el judo moderno a la articulación del codo: si el judoka ejerce presión contra la articulación en la dirección contraria a su movimiento natural, el rival debe rendirse para evitar la lesión. El shime-waza son los estrangulamientos, que cortan el flujo de sangre o de aire al cerebro hasta que el rival se rinde.
En la competición de alto nivel, el ne-waza es a menudo el factor diferenciador entre judokas de nivel similar en el tachi-waza. Muchos judokas que no son capaces de conseguir proyecciones de ippon encadenan el trabajo en el suelo de forma inmediata tras una proyección parcial, convirtiendo un waza-ari en ippon gracias a la continuación en el suelo. Países como Japón han tenido históricamente una cultura muy fuerte de ne-waza, y algunos de sus mejores judokas han construido estrategias competitivas enteras alrededor de este apartado.