El shido es la herramienta principal que los árbitros de judo utilizan para sancionar el juego pasivo, los agarres ilegales y otras infracciones leves que no justifican una penalización máxima. Su nombre procede del japonés y significa «indicación» o «advertencia», aunque en la práctica su impacto en el marcador es real y acumulativo: cada shido otorga un waza-ari al rival, lo que puede cambiar el resultado del combate.
Las situaciones más habituales que generan un shido incluyen: evitar el agarre del rival sin intención de atacar, bloquear pasivamente sin buscar técnica, colocar los pies fuera del tatami para esquivar, agarrar la pierna o el pantalón del rival directamente (prohibido desde 2010), adoptar una postura excesivamente defensiva con el tronco muy inclinado hacia adelante, o simplemente hacer perder el tiempo sin propósito técnico aparente. El árbitro tiene discreción para valorar estas situaciones, lo que a veces genera controversia.
La acumulación de tres shido lleva automáticamente al hansoku-make, la descalificación total. Esto significa que la pasividad reiterada o la acumulación de pequeñas infracciones tiene consecuencias definitivas. En competiciones de alto nivel, los judokas y sus entrenadores gestionan con cuidado el riesgo de shido: a veces es preferible intentar una técnica menos perfecta que quedarse parado y arriesgar la penalización. Esta dinámica hace que el sistema de shido tenga un efecto directo sobre el estilo de combate que los judokas desarrollan.