El tatami es el elemento físico más fundamental del judo. Sin él, la práctica del deporte sería imposible: las proyecciones, derribos e inmovilizaciones que caracterizan el judo requieren una superficie que amortigüe los impactos y permita que los judokas caigan sin lesionarse. El nombre procede del japonés y en su origen designaba las esteras de paja de arroz que cubrían los suelos de las casas y los dojos tradicionales de Japón. En el judo moderno, el tatami ha evolucionado en sus materiales pero ha conservado su función y su nombre.
El tatami de competición internacional está fabricado con módulos de espuma densa —generalmente polietileno expandido— recubiertos de una capa de vinilo de color. La superficie es ligeramente rugosa para evitar resbalones, y la densidad de la espuma está calculada para absorber la energía de los impactos sin ser tan blanda que dificulte el movimiento. Los colores del tatami tienen una función práctica: la zona central de combate suele ser azul o roja, y el área exterior de seguridad es de un color diferente para que los judokas y el árbitro puedan identificar visualmente los límites.
En los dojos de entrenamiento, el tatami puede ser de distintos tipos y calidades, desde módulos de goma hasta piezas de tatami prensado. La cultura del tatami va más allá de lo material: en el judo japonés, pisar el tatami con calzado o sin reverenciar la superficie antes de entrar a practicar se considera una falta de respeto. El tatami no es solo un suelo: es el espacio donde se practica un arte marcial con décadas de historia y tradición.