El judo cruza el Pacífico
En las primeras décadas del siglo XX, el judo era un fenómeno principalmente japonés. Los discípulos de Jigoro Kano practicaban en los dojos del Kodokan y en los dojos afiliados que se habían ido abriendo por todo Japón. El mundo occidental sabía poco o nada de este nuevo arte marcial.
La llegada del judo a Europa fue gradual y se produjo por varias vías distintas. La primera fue la de los demostradores, judokas japoneses que viajaban a Europa y América mostrando las técnicas del arte marcial en espectáculos públicos, teatros de variedades y academias de atletismo. Estos demostradores generaban una mezcla de fascinación y escepticismo en el público occidental, que veía cómo personas de apariencia pequeña y delgada proyectaban al suelo a rivales mucho más voluminosos.
Yukio Tani fue uno de los primeros y más influyentes de estos embajadores del judo en Europa. A partir de 1905, Tani actuó en música halls londinenses desafiando a cualquier persona del público que quisiera medirse con él. Sus demostraciones generaron un enorme interés y comenzaron a atraer a los primeros aprendices europeos.
Los pioneros europeos
El desarrollo institucional del judo en Europa comenzó con la fundación de los primeros dojos estables fuera de Japón. En 1918, Gunji Koizumi, un judoka japonés que se había establecido en Londres, fundó el Budokwai, el primer dojo permanente de judo en el mundo occidental. El Budokwai se convertiría en el centro del judo británico y europeo durante décadas y sigue siendo una institución de referencia hoy en día.
Francia fue el otro gran polo del judo europeo. El judo llegó a Francia en los años 20 y encontró un terreno especialmente fértil. La tradición francesa de las artes marciales, combinada con el interés intelectual por la cultura japonesa, hizo que el judo se extendiera rápidamente en el país galo. Mikinosuke Kawaishi, un maestro japonés que se estableció en París en 1935, fue fundamental en la difusión del judo francés. Kawaishi adaptó la enseñanza del judo al carácter occidental, introduciendo un sistema de colores de cinturón más gradual que el japonés para mantener la motivación de los practicantes europeos.
La influencia de Kawaishi explica en parte por qué Francia se convirtió en la primera potencia mundial del judo fuera de Japón, título que ha mantenido con mayor o menor intensidad hasta la actualidad.
Los Campeonatos del Mundo: el judo se globaliza
En 1952, la Federación Internacional de Judo fue fundada en Bruselas, con la participación de las federaciones de varios países europeos y de Japón. Este paso institucional fue el necesario para organizar competiciones internacionales formales.
El primer Campeonato del Mundo de judo se celebró en Tokio en 1956. Fue un torneo sin categorías de peso: todos los competidores luchaban juntos, independientemente de su tamaño. El campeón fue el japonés Shokichi Natsui. Participaron representantes de 21 países, lo que demostraba que el judo ya tenía una presencia internacional real.
Los primeros Campeonatos del Mundo estuvieron dominados por los japoneses, que monopolizaban el podio en casi todas las ediciones. El judo era todavía un deporte donde la tradición y la formación japonesa representaban una ventaja abrumadora. Pero la situación estaba a punto de cambiar.
Anton Geesink y la caída del monopolio japonés
El momento que más marcó la historia del judo mundial ocurrió en los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964. El holandés Anton Geesink, un judoka de 1,98 metros y más de 100 kilogramos que había entrenado durante años en Japón y conocía perfectamente la filosofía y las técnicas del judo clásico, llegó a los Juegos como aspirante a romper el dominio japonés.
En la final de la categoría de peso abierto, la más prestigiosa de las cuatro categorías olímpicas de 1964, Geesink se enfrentó al japonés Akio Kaminaga ante un estadio lleno de aficionados japoneses. Geesink ganó el combate y se proclamó campeón olímpico. La imagen del gigante holandés derrotando al candidato japonés en casa, en Tokio, fue un shock para el mundo del judo y un mensaje inequívoco: el arte marcial creado por Kano ya pertenecía a todos.
La victoria de Geesink aceleró el desarrollo del judo como deporte verdaderamente global. Los países europeos invirtieron más en la formación de sus judokas, las competiciones internacionales se multiplicaron y las categorías de peso se establecieron de manera definitiva para garantizar una competición más equitativa.
El judo del siglo XXI es uno de los deportes con mayor presencia en los Juegos Olímpicos, con decenas de países representados en todas las categorías. La expansión que comenzó con Yukio Tani en los music halls de Londres y que Geesink confirmó en el tatami olímpico de Tokio ha llegado a todos los rincones del mundo.