Teddy Riner: el titan que redefinió los límites del judo
En la historia del judo, pocas carreras pueden compararse en magnitud con la de Teddy Riner. Nacido en Pointe-à-Pitre (Guadalupe) en 1989 y criado en Francia, Riner mostró desde joven unas condiciones físicas extraordinarias —1,90 metros de altura, más de 130 kilogramos— combinadas con una agilidad, una técnica y una capacidad competitiva que lo situaron rápidamente en la élite mundial.
Riner ganó su primer título mundial con apenas 18 años, en Río de Janeiro 2007. Lo que siguió fue una carrera de dominación absoluta sin precedentes en la historia del deporte: 11 títulos mundiales (un récord absoluto en judo), ganados entre 2007 y 2022 con una continuidad que dejó a sus rivales en estado de perplejidad. Su racha más impresionante fue la de 154 combates sin derrota mantenida entre 2010 y 2020, una hegemonía que recuerda más a las épocas doradas del boxeo que a un deporte olímpico de combate en que la variedad de rivales y categorías hace casi imposible ese nivel de dominio.
A nivel olímpico, Riner ganó el oro en Londres 2012, Río 2016 y Tokio 2020, convirtiéndose en triple campeón olímpico y en el representante máximo de la escuela francesa de judo, que ha sido la más exitosa del mundo en la era contemporánea. Su figura ha popularizado el judo en Francia de una forma que ningún otro atleta había logrado antes, convirtiendo el deporte en uno de los más seguidos del país.
Yasuhiro Yamashita: la última leyenda japonesa del siglo XX
Antes del dominio de Riner, el judoka más admirado del mundo era el japonés Yasuhiro Yamashita. Con 203 centímetros de estatura y una técnica impecable, Yamashita dominó la categoría de peso abierto y la categoría de más de 95 kg durante la primera mitad de la década de 1980, acumulando 9 títulos mundiales y 4 campeonatos de Japón antes de su retirada.
Su momento más épico llegó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, donde ganó el oro compitiendo con el tobillo derecho lesionado. En la final contra el egipcio Mohammed Ali Rashwan, Yamashita cometió un error que le provocó una lesión muscular en la pierna y tuvo que lidiar con el dolor durante todo el combate. Rashwan, en un gesto de fair play admirado en todo el mundo, evitó atacar la pierna lesionada de su rival. El oro de Yamashita, ganado en esas condiciones, es uno de los momentos más emotivos de la historia del judo olímpico.
David Douillet y la generación de oro francesa
Si Teddy Riner es la figura del judo francés del siglo XXI, David Douillet lo fue del siglo XX. Con dos oros olímpicos consecutivos en Atlanta 1996 y Sídney 2000, más un bronce en Barcelona 1992, Douillet se convirtió en el judoka francés más laureado antes de Riner y en uno de los deportistas más populares de Francia durante la década de 1990.
Douillet fue el sucesor de una escuela francesa de judo que ya había producido campeones mundiales con practicantes como Angelo Parisi, que ganó medallas olímpicas representando tanto a Gran Bretaña como a Francia. La Federación Francesa de Judo, con su red de dojos y su sistema de formación, ha sido durante décadas el modelo de referencia mundial en el deporte.
Ryoko Tani: la reina del judo femenino
En el capítulo femenino, la japonesa Ryoko Tani (nacida Ryoko Tamura) es la figura más dominante de la historia. Campeona del mundo en siete ocasiones y ganadora de dos oros olímpicos en Sídney 2000 y Atenas 2004, más dos platas olímpicas en Barcelona 1992 y Atlanta 1996, Tani construyó una carrera de una consistencia extraordinaria en la categoría de menos de 48 kilogramos.
Su estilo de combate, caracterizado por una velocidad y explosividad excepcionales a pesar de su pequeño tamaño, la convirtió en un ídolo en Japón y en un referente global del judo femenino. Su rival histórica, la francesa Marie-Claire Restoux, le arrebató el oro olímpico en Atlanta 1996 en uno de los combates más emocionantes de la historia del judo olímpico femenino, una derrota que Tani asimiló con una determinación que la llevó a regresar más fuerte en Sídney.
Majlinda Kelmendi y el judo como símbolo de identidad nacional
El judo tiene también una dimensión de símbolo de identidad nacional que pocas veces se aprecia con tanta claridad como en el caso de Kosovo. La judoka Majlinda Kelmendi ganó en los Juegos Olímpicos de Río 2016 la primera medalla de oro de la historia del nuevo estado kosovar, en el debut olímpico de la nación. Las imágenes de Kelmendi llorando con la bandera de Kosovo, un país que apenas tenía ocho años de historia oficial, son una de las instantáneas más emotivas de la historia del deporte olímpico y reflejan el poder del judo como vehículo de afirmación y dignidad nacional.