El judo es uno de los deportes olímpicos con mayor tradición y éxito en España. Desde su llegada a mediados del siglo XX hasta la actualidad, el judo español ha producido campeones mundiales y olímpicos, ha consolidado una estructura federativa sólida y es practicado por decenas de miles de personas en todo el territorio nacional.
La introducción del judo en España (años 50-60)
El judo llegó a España en los años cincuenta, de manera similar a como lo hizo en otros países europeos: a través de personas que habían tenido contacto con el deporte en Japón o que lo habían descubierto en Francia, donde el judo europeo moderno tenía su epicentro gracias a la figura de Jigoro Kano y sus discípulos.
Los primeros dojos españoles aparecieron en Madrid y Barcelona a finales de los años cincuenta. Eran locales modestos, normalmente asociados a gimnasios polideportivos o a clubes de artes marciales, que atrajeron a una primera generación de practicantes apasionados por la filosofía y la técnica del judo japonés.
La Real Federación Española de Judo y Deportes Asociados (RFEJYDA) se fundó en 1963, lo que permitió organizar competiciones nacionales regladas, establecer un sistema de grados y conectar el judo español con los organismos internacionales. La federación creció rápidamente durante los años sesenta y setenta, impulsada por la expansión de los clubes y el interés creciente de la población por las artes marciales.
Consolidación y primeros éxitos internacionales (años 70-80)
Durante los años setenta y ochenta, el judo español se consolidó como una de las potencias emergentes del judo europeo. Los judocas españoles comenzaron a participar regularmente en el Campeonato de Europa y en los Campeonatos del Mundo, logrando resultados progresivamente mejores.
El judo se incorporó al programa olímpico de forma permanente en los Juegos Olímpicos de Munich 1972 (para hombres) y en Los Ángeles 1984 (para mujeres), lo que le dio un enorme impulso a nivel global y también en España. La posibilidad de luchar por medallas olímpicas motivó a una generación de judocas y a sus federaciones a profesionalizar la preparación y el entrenamiento.
España empezó a formar a sus judocas en el extranjero, especialmente en Japón y Francia, y a traer entrenadores japoneses para elevar el nivel técnico nacional. Esta inversión en formación técnica fue clave para los éxitos que llegarían en los años noventa.
Isabel Fernández y el oro olímpico de Sídney 2000
El momento más glorioso del judo español llegó el 17 de septiembre de 2000 en los Juegos Olímpicos de Sídney. Isabel Fernández, judoca valenciana nacida en Alcoy en 1972, se proclamó campeona olímpica en la categoría de menos de 57 kilogramos, convirtiéndose en la primera española en ganar una medalla de oro olímpica en judo.
La victoria de Isabel Fernández fue el resultado de años de trabajo y constancia. Antes del oro olímpico, ya había sido campeona del mundo en 1999 en Birmingham, lo que la consagró como la mejor judoca de su categoría del planeta. Su estilo técnico, inteligente y combativo, y su capacidad para ejecutar ippon en los momentos decisivos la convirtieron en un modelo para las generaciones posteriores.
El impacto de su medalla de oro en la popularidad del judo en España fue enorme. Miles de niños y jóvenes se apuntaron a clases de judo tras ver a Isabel en el podio olímpico, y el deporte vivió una época de gran visibilidad mediática y social.
Esther San Miguel y la tradición de campeonas
Esther San Miguel fue otra figura destacada del judo español de la misma generación que Isabel Fernández. Especialista en categorías de mayor peso, San Miguel compitió a nivel europeo y mundial con gran solvencia durante los años noventa y principios de los 2000, ganando medallas en campeonatos de Europa y del mundo.
Junto a ellas, el judo femenino español se convirtió en una factoría de talentos que colocaba a España entre las naciones de referencia en el panorama europeo e internacional. El trabajo en la base, con clubes bien estructurados y una metodología de formación seria, fue la clave de esa continuidad.
La nueva generación: Fran Garrigós y Ana Pérez Box
El judo español del siglo XXI ha seguido cosechando resultados de alto nivel. Fran Garrigós (Madrid, 1997), especialista en la categoría de menos de 60 kilogramos, se proclamó campeón del mundo en 2023 en Doha, devolviendo a España al podio más alto del judo mundial masculino. Su victoria fue una de las grandes alegrías del deporte español en ese año y le convirtió en uno de los grandes favoritos para los Juegos Olímpicos de París 2024, donde compitió con el número uno del ranking mundial.
Ana Pérez Box (Valencia, 2000) es otra de las grandes promesas del judo español actual. Con apenas veintidós años se convirtió en campeona del mundo en 2022 en la categoría de menos de 63 kilogramos, demostrando que la escuela española de judo sigue siendo capaz de producir figuras de primer nivel mundial.
Estos resultados confirman que el judo español ha sabido renovarse generacionalmente y que los cimientos construidos desde los años sesenta siguen dando frutos de alto nivel en la élite mundial.