El debut en casa
El 20 de octubre de 1964, el judo hizo su debut en los Juegos Olímpicos. No podía haber habido una sede más apropiada: Tokio, la capital del país que había creado el arte marcial ocho décadas antes. Para el movimiento olímpico, la inclusión del judo era un reconocimiento tanto al deporte en sí como a la importancia de Japón en el mundo deportivo.
La decisión de incluir el judo en el programa olímpico de Tokio 1964 no estuvo exenta de debate en el Comité Olímpico Internacional. Algunos miembros cuestionaban si un arte marcial con tan fuerte identidad cultural japonesa podía ser considerado un deporte universal. La presencia de competidores de 27 países en el tatami olímpico de Tokio demostró que el judo había superado ampliamente sus fronteras de origen.
Se disputaron cuatro categorías masculinas: ligero, medio, semipesado y peso abierto. Los japoneses ganaron tres de las cuatro medallas de oro. La excepción, que sacudió al mundo del judo, fue la categoría de peso abierto: Anton Geesink, el gigante holandés, derrotó al japonés Akio Kaminaga en la final y se proclamó campeón olímpico. Para el público japonés, fue un shock. Para el judo mundial, fue la demostración de que el arte marcial de Kano ya era patrimonio de toda la humanidad.
La exclusión de México 1968
Si el debut en Tokio fue un triunfo, lo que ocurrió cuatro años después fue una sorpresa desagradable para la comunidad judoka mundial. El judo fue excluido del programa de los Juegos Olímpicos de México 1968.
La razón oficial fue la necesidad de reducir el número de deportes en el programa olímpico, que había crecido considerablemente. El judo, como deporte relativamente nuevo en el contexto olímpico, fue uno de los sacrificados. La decisión generó una fuerte reacción negativa en la comunidad internacional del judo y en Japón, que consideraba la exclusión como un insulto al deporte que había creado.
El regreso del judo al programa olímpico en Munich 1972 fue definitivo. Desde entonces, el judo no ha vuelto a faltar en ninguna edición de los Juegos. La experiencia de la exclusión de 1968 fue, si acaso, positiva en el largo plazo: obligó al judo a organizarse mejor internacionalmente y a demostrar su vocación global para justificar su presencia permanente en el programa olímpico.
El desarrollo del judo olímpico masculino
Desde Munich 1972 hasta finales del siglo XX, el judo olímpico masculino estuvo dominado principalmente por Japón, Corea del Sur, la URSS y Francia. El sistema de categorías de peso, establecido de manera definitiva para garantizar la equidad competitiva, permitió el desarrollo de campeones especializados en rangos de peso muy diferentes.
Los años 80 vieron surgir algunas de las leyendas más grandes del judo olímpico. El cubano Ángel Valoyes, el soviético Shota Khokhoshvili, el japonés Yamashita Yasuhiro, que ganó el oro en Los Ángeles 1984 con una actuación memorable a pesar de competir lesionado en el tobillo. La figura de Yamashita representa el espíritu samurai que el judo moderno intenta mantener vivo: ganar superando el dolor y las adversidades.
Los Juegos de Seúl 1988 introdujeron el judo femenino como deporte de demostración, un paso previo a su incorporación oficial. La demostración fue un éxito y preparó el terreno para la incorporación definitiva.
Barcelona 1992: el judo femenino llega al olimpismo
El debut oficial del judo femenino en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 fue un hito histórico para el deporte. Siete categorías de peso femeninas se unieron al programa olímpico, igualando el número de categorías masculinas. Para muchas naciones, fue la primera vez que sus judokas femeninas podían aspirar a una medalla olímpica oficial.
El debut fue brillante. Las japonesas, que habían dominado el judo femenino internacional durante años, ganaron medallas pero se encontraron con rivales de calidad en las competidoras europeas, especialmente las francesas y las coreanas. La española Miriam Blasco ganó el oro en 57 kilogramos, la primera medalla de oro española en los Juegos de Barcelona y uno de los momentos más emotivos del deporte español del siglo XX.
El judo olímpico en el siglo XXI
Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, disputados en 2021 por la pandemia de COVID-19, fueron para el judo japonés una vindicación histórica. Japón ganó nueve de las catorce medallas de oro disponibles, la actuación más brillante de cualquier país en judo olímpico desde los primeros Juegos de 1964. El rendimiento fue el resultado de décadas de inversión sistemática en la formación de judokas de élite y en la modernización del entrenamiento japonés.
El judo olímpico de hoy es un deporte donde la competencia es feroz y la distribución geográfica de las medallas refleja la globalización real del arte marcial. Georgeos, israelíes, mongoles, kosovares y brasileños se unen a los tradicionales dominadores del tatami olímpico. La visión global de Jigoro Kano, formulada en 1882 en un pequeño dojo de Tokio, se ha hecho completamente realidad.