El jiu-jitsu: el arte marcial que inspiró el judo
Para entender el judo es imprescindible conocer su origen: el jiu-jitsu (también escrito jujutsu), el sistema de combate sin armas desarrollado en el Japón feudal por y para los samuráis. En una época en que el guerrero podía encontrarse en combate cuerpo a cuerpo, desarmado y frente a un adversario con armadura, el jiu-jitsu ofrecía técnicas de proyección, estrangulación, luxación y golpe que permitían neutralizar al enemigo utilizando su propio peso y movimiento contra él.
El jiu-jitsu no era un arte único y sistematizado, sino una constelación de escuelas (ryu) con enfoques a menudo muy distintos. Existían más de cien escuelas diferentes a finales del período Edo (siglos XVII-XIX), cada una con sus propias técnicas, sus propios rituales de transmisión y sus propios maestros. Esta dispersión era a la vez riqueza y debilidad: el jiu-jitsu era extraordinariamente completo pero también fragmentado e inconsistente en su enseñanza.
Con la Restauración Meiji (1868), el Japón abrió sus puertas a Occidente y comenzó un proceso acelerado de modernización. Los valores samurái empezaron a ser vistos como arcaicos, y las artes marciales tradicionales entraron en declive. Era precisamente en este contexto de crisis cultural donde un joven estudiante y pedagogo llamado Jigoro Kano comenzaría a construir algo nuevo sobre los cimientos del jiu-jitsu.
Jigoro Kano: el intelectual que creó una disciplina
Jigoro Kano nació en 1860 en Mikage, cerca de Kobe, en el seno de una familia culta de clase media. De constitución física débil pero de una inteligencia y determinación excepcionales, Kano buscó desde joven una forma de fortalecer su cuerpo. Con 17 años comenzó a estudiar jiu-jitsu bajo la guía de Fukuda Hachinosuke, maestro de la escuela Tenjin Shinyo-ryu, y posteriormente bajo la dirección de otros maestros de diferentes escuelas.
Lo que distinguió a Kano de otros practicantes de jiu-jitsu fue su enfoque analítico y pedagógico. En lugar de limitarse a aprender las técnicas, las estudiaba, las comparaba entre escuelas, las sometía a prueba práctica y reflexionaba sobre los principios que subyacían a su eficacia. Esta mentalidad científica, influida por su formación universitaria en la Universidad Imperial de Tokio, lo llevó a identificar el principio fundamental que, en su opinión, unificaba todas las técnicas del jiu-jitsu: el uso máximo eficiente de la energía (seiryoku zen’yo).
1882: la fundación del Kodokan y el nacimiento del judo
En 1882, con apenas 22 años, Jigoro Kano abrió su propio dojo en un templo budista de Tokio llamado Eishoji. A ese pequeño espacio de apenas doce tatami lo llamó Kodokan (literalmente “lugar para estudiar el camino”) y en él comenzó a enseñar su nuevo sistema, al que denominó judo (ju = suavidad; do = camino).
Las innovaciones de Kano respecto al jiu-jitsu tradicional eran fundamentales. En primer lugar, eliminó las técnicas más peligrosas que no podían practicarse a plena intensidad sin riesgo de lesiones graves, lo que permitió el entrenamiento de combate real (randori) como método principal de aprendizaje. En segundo lugar, sistematizó las técnicas en un currículo pedagógico progresivo, con un sistema de grados (dan) que medía objetivamente el progreso del practicante. En tercer lugar, añadió una dimensión filosófica y moral al entrenamiento: el judo no era solo un sistema de combate, sino un camino de desarrollo personal cuyo objetivo último era la formación de individuos útiles a la sociedad.
Este segundo principio fundamental lo llamó jita kyoei: beneficio mutuo, prosperidad compartida. El judo no debía cultivar el egoísmo del guerrero, sino la solidaridad del ciudadano. Esta dimensión ética era una novedad radical en el mundo de las artes marciales japonesas.
El primer gran desafío: el torneo contra el jiu-jitsu
La prueba definitiva de la validez del sistema de Kano llegó con el Gran Torneo del Ministerio de Policía de Tokio de 1886, un enfrentamiento organizado entre los mejores judokas del Kodokan y los mejores practicantes de jiu-jitsu de la escuela Totsuka-ha del Yoshin-ryu. El resultado fue aplastante: el Kodokan ganó 13 combates de los 15 disputados, con un empate y una única derrota.
Esta victoria fue fundamental por varias razones. Demostró que el enfoque científico y el entrenamiento mediante randori producían luchadores más eficaces que los métodos tradicionales de jiu-jitsu. Validó el sistema pedagógico de Kano ante las autoridades japonesas y le abrió las puertas de las instituciones educativas y militares del país. Y consolidó al Kodokan como la escuela dominante, atrayendo a practicantes de otras escuelas de jiu-jitsu que reconocían la superioridad del nuevo método.
Desde ese momento, el judo de Kano comenzó su expansión imparable, primero por Japón y luego por el mundo entero, convirtiéndose en una de las artes marciales más practicadas del planeta y en uno de los deportes olímpicos más exitosos del programa de los Juegos de Verano.