El Maratón de Nueva York: el gran espectáculo del running mundial
Hay maratones más rápidos, hay maratones más históricos, hay maratones con más tradición específica. Pero en términos de espectáculo puro, de diversidad cultural, de impacto global y de número bruto de participantes, el TCS New York City Marathon es el rey indiscutible. Cada primer domingo de noviembre, la ciudad que nunca duerme detiene su bullicio habitual para convertirse en el escenario de la mayor carrera a pie del planeta.
El origen: Fred Lebow y la visión del maratón de masas
El Maratón de Nueva York nació en 1970 como una carrera modesta: 127 participantes dando vueltas al parque Central Park. Durante sus primeros años fue una competición de aficionados con pocos recursos y menos repercusión. La transformación llegó con Fred Lebow.
Lebow, un inmigrante rumano con pasión obsesiva por el running, era el director del New York Road Runners Club. En 1976, coincidiendo con el Bicentenario de los Estados Unidos, propuso llevar el maratón fuera de Central Park y por las calles de toda la ciudad. El resultado fue una carrera que recorría los cinco distritos de Nueva York (Brooklyn, Queens, Bronx, Staten Island y Manhattan) y que congregó a más de 2.000 participantes.
La apuesta de Lebow fue visionaria. Entendió antes que nadie que el maratón podía ser un deporte de masas, no solo de élite, y que una carrera que atravesara todos los barrios de una ciudad convocaba a una comunidad entera. Grete Waitz, Bill Rodgers, Rod Dixon: Lebow convirtió el maratón de Nueva York en el escenario donde se forjaban las grandes historias del atletismo de fondo de los años 70 y 80.
El recorrido: una vuelta a la Gran Manzana
El recorrido del Maratón de Nueva York es una obra maestra de ingeniería logística y espectáculo urbano. Los corredores comienzan en Staten Island, cruzando el imponente puente Verrazzano-Narrows sobre el estrecho de Upper New York Bay. La salida es simultánea para miles de corredores (organizados en tres oleadas separadas) y la vista desde el puente, con Manhattan al fondo, es uno de los inicios más fotogénicos del atletismo mundial.
Desde Staten Island, el recorrido atraviesa Brooklyn (los kilómetros más largos pero también los más animados, con comunidades de origen caribeño, europeo y asiático creando un ambiente festivo único), entra en Queens, cruza al Bronx por el puente Willis Avenue y regresa a Manhattan por el puente del Quinto Distrito.
Los últimos kilómetros discurren por la Quinta Avenida hasta entrar en Central Park para el final. La “gran cuesta de la Quinta Avenida” entre los kilómetros 38 y 40 es el último gran obstáculo: una subida prolongada cuando las piernas ya no tienen reservas, que destruye los tiempos de quienes han salido demasiado rápido.
50.000 corredores: el espectáculo de la diversidad
El dato más impactante del Maratón de Nueva York es el número: más de 50.000 corredores finishers en la misma carrera. La logística necesaria para organizar un evento de esta magnitud es comparable a la de una operación militar: 12.000 voluntarios, 50 km de vallas de control, decenas de puntos de avituallamiento, coordinación con la policía de todos los distritos, gestión de más de un millón de espectadores.
Los corredores representan más de 130 países diferentes. El inglés convive con el español, el swahili, el japonés y el árabe en la línea de salida. El Maratón de Nueva York es posiblemente el evento deportivo más multicultural del mundo.
El legado de Fred Lebow
Fred Lebow murió de cáncer cerebral en 1994. El año anterior, con 62 años y el cáncer en remisión, había corrido el Maratón de Nueva York junto a Grete Waitz, quien se convirtió en su pacer y guía en un gesto de amistad que conmovió al mundo del running.
Una estatua de Lebow, con su característico gorro y su reloj de pulsera mirando el tiempo, preside la entrada norte de Central Park cerca de la meta del maratón. Es uno de los memoriales deportivos más visitados de Nueva York, y el símbolo permanente del hombre que imaginó que correr podía ser para todo el mundo.