Japón, tierra fértil para las MMA
Mientras la UFC luchaba por sobrevivir en Estados Unidos bajo la presión política de los años 90, el Japón vivía su propio boom de las artes marciales mixtas. El país tenía una larga tradición en el combat sports: el judo, el karate, el sumo y el kickboxing eran deportes populares con millones de seguidores. La combinación de estilos, el vale-tudo que los Gracie habían popularizado en Brasil y que la UFC había llevado a Estados Unidos, encajaba perfectamente en esa cultura de las artes marciales.
El Pride FC nació en 1997 con un evento en el Tokyo Dome protagonizado por el combate entre Rickson Gracie y el judoka japonés Nobuhiko Takada. Rickson, considerado por muchos el mejor Gracie peleador de su generación, ganó el combate, pero lo que importó más que el resultado fue la escala del espectáculo: el Tokyo Dome tenía capacidad para más de 50.000 espectadores, y el evento fue un éxito de público que demostró que el mercado japonés estaba listo para un producto de MMA de primer nivel.
Los años dorados del Pride
Entre 1998 y 2006, el Pride FC vivió su época dorada. La organización construyó una cultura propia, diferente a la de la UFC, con sus propios rituales, su estética y sus estrellas. Los combates del Pride tenían lugar en un ring cuadrado en lugar del octógono de la UFC. La música de entrada de los peleadores era grandiosa. Los presentadores japoneses narraban los combates con una intensidad dramática que contribuía al espectáculo.
Pero sobre todo, el Pride reunió a algunos de los mejores peleadores del mundo en categorías que la UFC no cubría suficientemente bien, especialmente los pesos pesados y semipesados. Wanderlei Silva, el brasileño conocido como el Axe Murderer, fue durante años el peleador más excitante del Pride, dominando los combates de la división de peso medio con una agresividad brutal. Fedor Emelianenko, el ruso de aspecto tranquilo que era considerado por muchos el mejor peleador del mundo libre de organización, construyó su leyenda invicta principalmente en el Pride.
Otros nombres que brillaron en el Pride incluyen a Mirko Cro Cop, el croata exkickboxer de piernas letales cuya derecha alta mandó al suelo a más de un rival, a Quinton “Rampage” Jackson, que posteriormente se convertiría también en campeón de la UFC, y al japonés Takanori Gomi, ídolo local en las categorías de peso ligero.
El problema yakuza y el estigma institucional
La cara oscura del Pride FC comenzó a emerger en los medios japoneses a mediados de los años 2000. Varios reportajes señalaban vínculos entre la organización y miembros de la yakuza, el crimen organizado japonés. Las acusaciones incluían que miembros de la yakuza habían invertido dinero en los eventos del Pride y que tenían influencia sobre algunos aspectos de la organización.
Aunque la dirección del Pride negó siempre las acusaciones más graves, el escándalo afectó a la relación del Pride con Fuji TV, la cadena televisiva japonesa que había sido el principal medio de distribución de los eventos. Fuji TV dejó de emitir los combates del Pride, lo que supuso un golpe económico considerable para la organización.
La sombra del escándalo complicó también la posible expansión del Pride al mercado americano. Algunas comisiones atléticas estatales americanas se mostraban reticentes a conceder licencias a una organización con ese tipo de cuestionamientos en su historial.
La compra por la UFC y el fin de una era
En marzo de 2007, la UFC anunció la compra del Pride FC. El precio exacto nunca fue revelado públicamente, pero las estimaciones hablaban de una cifra entre 65 y 70 millones de dólares. Para los aficionados de las MMA en todo el mundo, la noticia era la esperada previa a un gran evento: el enfrentamiento entre los campeones del Pride y de la UFC en cada categoría, el sueño de ver quién era realmente el mejor del mundo sin la barrera organizacional.
Ese sueño nunca se hizo realidad en los términos esperados. El Pride FC fue disuelto después de la compra. Los peleadores del Pride fueron gradualmente incorporados al roster de la UFC, donde muchos de ellos demostraron que el nivel del Pride había sido tan alto como se presumía: Quinton Jackson ganó el campeonato de semipesados de la UFC. Wanderlei Silva, Mirko Cro Cop y otros ex-Priders compitieron en la UFC con resultados variables.
Fedor Emelianenko, quizás la estrella más importante del Pride, nunca llegó a pelear en la UFC por desacuerdos contractuales. Se convirtió en el campeón sin corona del peso pesado, el mejor peleador que nunca compitió en la organización más importante del mundo.
El legado del Pride
El Pride FC dejó una huella indeleble en la historia de las MMA. Demostró que el deporte podía funcionar a una escala masiva, con eventos en estadios de decenas de miles de personas. Produjo algunos de los combates más emocionantes y técnicamente brillantes de la historia de las artes marciales mixtas. Y formó a una generación de peleadores que elevaron el nivel de la competición mundial.
La nostalgia por el Pride entre los aficionados veteranos de las MMA es comprensible. En sus años de esplendor, reunía en un mismo ring a lo mejor del mundo, con un reglamento que permitía técnicas excluidas en la UFC y una atmósfera única que ninguna otra organización ha logrado replicar. El Pride FC fue la prueba de que las MMA podían ser, al mismo tiempo, espectáculo y arte marcial de primer nivel.