Cuando Patrick Bauer cruzó solo el desierto del Sáhara en 1984, caminando 350 kilómetros durante doce días, no buscaba fundar una carrera. Buscaba ponerse a prueba. Dos años después, en 1986, organizó la primera Maratón des Sables para que otros pudieran vivir algo parecido: la soledad del desierto, el calor aplastante, la necesidad radical de gestionarse a uno mismo sin red de seguridad.
Cuarenta años después, la MDS (como se conoce universalmente) sigue siendo la referencia mundial del concepto “la carrera más dura del mundo”.
El desierto como escenario
La carrera tiene lugar en la región del Sáhara marroquí, entre dunas de arena, hamadas (desierto de piedra), salinas y oasis secos. Las temperaturas diurnas alcanzan los 50 grados centígrados; las nocturnas pueden bajar de golpe más de 20 grados. El viento cargado de arena —el chergui— puede levantarse y reducir la visibilidad a metros.
El trazado varía ligeramente cada año para incluir nuevas zonas del Sáhara. Las dunas más icónicas son las del Erg Chebbi, que los participantes deben cruzar en la primera etapa, muchas veces hundiéndose hasta los tobillos en arena fina.
Las seis etapas
La estructura de la carrera divide los 250 km en seis etapas de dificultad muy diferente:
- Etapas 1 a 3: entre 30 y 40 km cada una, consideradas de calentamiento aunque supondrían un maratón para la mayoría de corredores populares.
- Etapa 4 (la etapa larga): entre 75 y 90 km. Es el corazón de la carrera. No tiene tiempo límite, lo que significa que los participantes más lentos siguen andando de noche, con sus frontales, durante más de 30 horas consecutivas. Es el momento en que muchos participantes deciden abandonar… o descubren que son capaces de mucho más de lo que creían.
- Etapa 5: maratón tradicional de 42 km, el día anterior a la última jornada.
- Etapa 6 (etapa de la solidaridad): una etapa corta y festiva junto a una asociación local, que sirve de despedida y celebración.
Autosuficiencia: la mochila como compromiso
Lo más diferencial de la MDS respecto a otros ultramaratones es el principio de autosuficiencia alimentaria: cada participante debe llevar en la mochila toda la comida necesaria para los siete días (mínimo 2.000 kilocalorías diarias). Solo el agua está racionada por la organización (distribuida en cada punto de control).
Esto significa que hay que cargar desde el primer día con entre 6 y 12 kg según la estrategia de cada uno: comida liofilizada, frutos secos, barritas energéticas, raciones militares. A medida que pasan los días y se consume la comida, la mochila se alivia, pero el cuerpo también acumula fatiga. El equilibrio entre las calorías necesarias para rendir y el peso que se puede cargar es uno de los mayores desafíos logísticos de la preparación.
Una comunidad global
La MDS atrae anualmente a entre 1.000 y 1.500 participantes de más de cincuenta países. No es una carrera de élite: la mayoría son aficionados que buscan una experiencia límite. El récord de la carrera está próximo a los 17 horas totales (para los 250 km), pero hay participantes que completan la prueba en más de cien horas.
El campamento de beduinos donde todos duermen —corredores de élite y participantes lentos juntos, bajo la misma jaima, con los mismos escorpiones y el mismo frío nocturno— crea una fraternidad singular que los veteranos de la MDS describen como la experiencia más transformadora de sus vidas deportivas.