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Senderismo

El arte de recorrer rutas a pie por la montaña y la naturaleza, desde paseos por senderos señalizados hasta las cimas más altas del planeta.

La masificación del Everest: colas para el techo del mundo

Cada primavera, cientos de alpinistas intentan coronar el Everest al mismo tiempo, creando colas de horas en la zona de la muerte a más de 8.000 metros. La masificación pone en peligro vidas y plantea preguntas éticas sobre el futuro de la montaña más alta del mundo.

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El 22 de mayo de 2019, la fotógrafa Nirmal Purja publicó en Instagram una imagen que dio la vuelta al mundo: una fila de más de doscientas personas ascendiendo en fila india por la arista noroeste del Everest, a más de 8.500 metros de altitud. La cola, que tardó horas en moverse, provocó varios fallecidos ese día por hipotermia y agotamiento mientras esperaban su turno para la cima. La imagen simbolizaba un problema que llevaba años creciendo: el Everest se había masificado.

Cómo llegamos hasta aquí

Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzaron solos la cima del Everest en 1953. Durante las décadas siguientes, la montaña fue territorio exclusivo de expediciones nacionales de élite o de alpinistas experimentados dispuestos a organisar meses de logística. El Everest era caro, difícil y exclusivo.

En 1985, el empresario texano Dick Bass se convirtió en el primer turista en ascender el Everest, guiado por el alpinista David Breashears. Bass no tenía experiencia de alta montaña previa: su éxito demostró que, con suficiente dinero y los guías adecuados, alguien sin formación técnica podía alcanzar la cima más alta del mundo.

La industria del guiado al Everest nació en ese momento. Las agencias nepalesas empezaron a ofrecer paquetes completos: permisos, campo base, sherpas, oxígeno y guiado integral. El precio era alto, pero había mercado.

La tragedia de 1996

El 10 y 11 de mayo de 1996, una tormenta sorprendió a varias expediciones en la arista noreste y mató a ocho personas, incluyendo a los guías experimentados Scott Fischer y Rob Hall. Jon Krakauer, que participaba como periodista, escribió el libro Hacia la cima (Into Thin Air), que se convirtió en un superventas mundial y dio a conocer el Everest comercial a un público masivo.

El libro también desató el debate sobre la responsabilidad de las agencias que llevaban clientes sin experiencia suficiente a la zona de la muerte.

El problema de la cola

Los días de buen tiempo en el Everest son escasos: en una temporada de primavera, solo hay entre tres y cinco ventanas meteorológicas óptimas para la cima. Cuando todas las expediciones intentan coronar el mismo día, la arista noroeste —con su Hillary Step como cuello de botella— se convierte en una autopista de montaña.

Las colas de horas a más de 8.500 metros tienen consecuencias fatales: los cilindros de oxígeno se agotan mientras se espera, la hipotermia golpea a los alpinistas inmóviles en el frío polar y el agotamiento se multiplica. En 2019, once personas murieron en el Everest, muchas relacionadas con la masificación.

El problema de la basura

El Everest lleva décadas siendo el vertedero de alta altitud más famoso del mundo. Las expediciones de los años 50 al 80 dejaron toneladas de material en la montaña: tiendas, bidones de oxígeno, cuerdas fijas, restos de comida. A mayor altitud, menor descomposición: el frío conserva todo.

El gobierno nepalés ha organizado expediciones de limpieza que han retirado toneladas de basura. Desde 2019, cada expedición debe bajar 8 kilogramos de basura además de su propio material. Pero los cuerpos de los más de 200 alpinistas muertos que permanecen en la montaña —muchos visibles desde las rutas habituales— son el recordatorio más dramático del precio humano del turismo alpino extremo.

¿Hay solución?

El debate sobre cómo gestionar el Everest enfrenta los intereses económicos de Nepal (el turismo de montaña genera millones de dólares de divisas) con la seguridad de los alpinistas y la preservación de la montaña. Las propuestas van desde limitar los permisos anuales hasta exigir experiencia previa certificada, pasando por subir el precio del permiso para reducir la demanda.

Por ahora, cada primavera, cientos de personas siguen haciendo cola para el techo del mundo.

Preguntas frecuentes

¿Cuánta gente intenta subir el Everest cada año?
En los últimos años, Nepal ha concedido entre 400 y 500 permisos de ascensión al Everest cada temporada de primavera (abril-mayo). Sumando a los sherpas y guías que acompañan a cada expedición, el número total de personas en la montaña puede superar las 1.500 durante los días de buen tiempo.
¿Cuánto cuesta el permiso para subir el Everest?
El permiso de ascensión al Everest emitido por el gobierno de Nepal cuesta 11.000 dólares por persona. Una expedición completa con agencia, guías sherpas, equipo, seguros y logística puede superar los 50.000-70.000 dólares por persona en los paquetes más completos.
¿Cuántos cuerpos hay en el Everest?
Se estima que hay más de 200 cuerpos en el Everest que nunca han sido recuperados, debido a la extrema dificultad y el peligro que conlleva cualquier operación de rescate en la zona de la muerte. Algunos son visibles desde las rutas habituales y sirven de macabros hitos para los alpinistas actuales.

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