El equipo adecuado no convierte al senderista en un alpinista de élite, pero sí previene la mayor parte de los accidentes y situaciones de incomodidad que se producen en la montaña. La regla de oro es sencilla: el equipo debe adaptarse a la ruta, no al revés.
El sistema de capas
La montaña exige adaptarse a cambios de temperatura rápidos: puede hacer sol en el valle y nevar en la cumbre. El sistema de capas permite regular la temperatura del cuerpo con precisión, añadiendo o quitando prendas según las condiciones.
Capa base (la más cercana al cuerpo): su función es evacuar la humedad del sudor para que la piel permanezca seca. El material importa: el poliéster técnico y la lana merino son excelentes; el algodón es el peor enemigo en la montaña, porque absorbe el sudor y tarda horas en secarse, lo que provoca hipotermia rápida al detenerse.
Capa intermedia (aislante): retiene el calor corporal. El forro polar es la opción más común por su ligereza y su capacidad de aislar incluso húmedo. El plumón (pluma o sintético) es más eficiente térmicamente pero pierde capacidad de aislamiento cuando se moja.
Capa exterior (protección): cortavientos e impermeable. La membrana Gore-Tex o equivalentes bloquean el viento y el agua sin impedir la transpiración. Una buena chubasquero que quepa en la mochila es obligatoria en cualquier salida a la montaña.
El calzado
Las botas de trekking son el elemento de equipo que más impacto tiene en la seguridad y el confort de la marcha. Los factores clave al elegirlas:
- Tobillera alta: protege el tobillo en terreno irregular y reduce el riesgo de esguinces.
- Suela Vibram o equivalente: proporciona agarre en tierra, roca y hierba mojada.
- Impermeabilidad: la membrana interna (Gore-Tex o similar) mantiene los pies secos en terreno húmedo.
- Rigidez de la suela: a mayor desnivel y terreno más técnico, más rígida debe ser la suela para proteger el pie.
Las botas deben ajustarse bien desde el primer día y comprarse con tiempo para amoldarlas antes de una ruta larga. Un par de botas sin estrenar en una travesía de varios días garantiza ampollas.
Los bastones de trekking son un complemento muy valioso: reducen el impacto en las rodillas en los descensos (hasta un 25% según estudios biomecánicos), mejoran el equilibrio en terreno irregular y actúan como punto de apoyo al cruzar ríos o pasar zonas resbaladizas.
Navegación
Perderse en la montaña es más fácil de lo que parece, especialmente con niebla, nieve o de noche. Las herramientas de navegación son el seguro que evita que un despiste se convierta en emergencia.
GPS en el móvil: las aplicaciones Wikiloc, Komoot o el visor del IGN permiten descargar el track de la ruta y seguirlo en tiempo real incluso sin cobertura. El punto débil es la batería: llevar una batería externa es tan importante como la aplicación.
Mapa topográfico en papel: no falla por falta de batería. El Centro Nacional de Información Geográfica publica mapas 1:25.000 de toda España; la escala adecuada para senderismo. Saber interpretar curvas de nivel es una habilidad básica.
Brújula: complementa al mapa para orientarse cuando los elementos de referencia no son visibles. Aprender a tomar un azimut (la dirección en grados hacia un punto de referencia) es sencillo y puede ser salvavidas.
La mochila: qué llevar siempre
Con independencia de la duración de la ruta, hay elementos que no deben faltar nunca:
- Agua (mínimo 1 litro por cada 2 horas de marcha)
- Comida de emergencia (frutos secos, barrita energética)
- Manta de emergencia (sobrevive y pesa 80 gramos)
- Botiquín básico (esparadrapo, venda, analgésico)
- Linterna de cabeza (incluso si no prevés llegar de noche)
- Protección solar y gafas de sol
- Documentación con número de emergencias de montaña (en España: 112)
El equipo no garantiza la seguridad, pero la falta de equipo la compromete sistemáticamente.