Convertir una actividad informal en un deporte organizado es uno de los procesos más lentos y menos visibles en la historia del deporte. No hay un momento de invención espectacular ni una competición fundacional que todo el mundo recuerde: hay décadas de trabajo tranquilo, de construir relaciones, de escribir reglas que a veces nadie quiere cumplir, de organizar carreras que en los primeros años solo atraen a unos pocos entusiastas. Marino Giacometti pasó por todo eso, y el resultado es el skyrunning moderno.
La idea original: codificar lo que ya existía
A principios de los años 90, en los Alpes italianos, los corredores de montaña ya hacían skyrunning. No lo llamaban así —el término todavía no existía— pero hacían la misma cosa: subían pendientes extremas a la máxima velocidad posible, a menudo hasta cimas de más de 3.000 metros, buscando establecer tiempos en rutas que la comunidad local conocía y respetaba.
Lo que Giacometti hizo fue ver en esta práctica informal el germen de algo mayor. Su contribución no fue inventar la actividad —que ya existía— sino entender que para crecer más allá de la comunidad alpina local necesitaba tres cosas: reglas comparables entre eventos, un circuito que agrupara las mejores carreras y una organización que hablara por el deporte ante el mundo institucional del atletismo y el olimpismo.
Esta visión —deceptivamente simple, extremadamente difícil de ejecutar— es la que puso en marcha durante la primera mitad de los años 90 con la codificación del Vertical Kilometer como primera disciplina estándar del skyrunning.
El Vertical Kilometer: la primera pieza del edificio
La decisión de empezar con el Vertical Kilometer como formato fundacional del skyrunning no fue arbitraria. El VK tiene una definición simple y poderosa: 1.000 metros de desnivel positivo en no más de 5 km de distancia horizontal. Esta definición es fácilmente verificable, produce pruebas de duración comparable entre eventos (típicamente entre 35 minutos y una hora para la élite) y puede aplicarse en prácticamente cualquier montaña del mundo que tenga la topografía adecuada.
La simplicidad del concepto fue clave para su difusión. Un organizador de carreras en Japón, en Chile o en Sudáfrica podía entender inmediatamente qué era un VK y replicarlo. Esta replicabilidad era imposible con formatos más complejos que dependían de características geográficas específicas de los Alpes.
Las primeras carreras de VK que Giacometti organizó en Italia a mediados de los años 90 establecieron los precedentes: los tiempos de referencia, el tipo de material exigido, los protocolos de seguridad. Cada una de estas ediciones afinaba el formato y producía aprendizajes que Giacometti incorporaba a la siguiente.
Las primeras Copas del Mundo: construir el circuito
A lo largo de la segunda mitad de los años 90, Giacometti organizó las primeras Copas del Mundo de Skyrunning en los Alpes, ampliando el concepto más allá del VK para incluir también las primeras SkyRace: pruebas más largas con tramos de alta altitud y terreno técnico de montaña. Este paso fue crucial porque el skyrunning necesitaba más de una disciplina para tener la diversidad de formatos que atraen a distintos tipos de atletas.
Las Copas del Mundo de los años 90 eran modestas por definición: pocos corredores, presupuestos ajustados, cobertura mediática inexistente. Pero establecieron el precedente de que era posible organizar un circuito internacional de skyrunning y que los atletas de distintos países —Italia, Francia, España, Suiza— estaban dispuestos a participar.
Esta experiencia de una década organizando carreras fue la que en 2002 hizo posible el lanzamiento del Skyrunner World Series en su formato moderno, con la Zegama-Aizkorri como primera incorporación española al circuito y un calendario que empezaba a tener la entidad de un circuito deportivo serio.
La creación de la ISF en 2008
El paso definitivo hacia la institucionalización plena del skyrunning llegó en 2008 con la creación de la International Skyrunning Federation (ISF), con sede en Barcelona. La ISF no nació de un día para otro: fue el resultado de años de conversaciones, negociaciones y trabajo organizativo que Giacometti había liderado desde sus primeras carreras en los años 90.
La ISF tenía desde el principio una estructura institucional completa: estatutos, órganos de gobierno, criterios de certificación de eventos, reglas de las disciplinas y un sistema de relaciones con las federaciones nacionales de atletismo y montañismo que era la llave de acceso al reconocimiento internacional. Sin esta estructura institucional, el skyrunning habría seguido siendo un movimiento deportivo informal sin voz en los organismos que gobiernan el deporte mundial.
La elección de Barcelona como sede fue también estratégica. España era en 2008 uno de los países más activos del circuito, y la ISF necesitaba estar en un entorno donde el skyrunning tenía masa crítica social e institucional.
El trabajo de décadas y su resultado
Lo que Marino Giacometti construyó desde los Alpes italianos de los años 90 hasta la ISF de 2008 —y lo que ha continuado construyendo en los años posteriores— es exactamente lo que hace falta para que un deporte exista como tal: reglas claras, un circuito organizado, una federación internacional y una comunidad de atletas, organizadores y aficionados que se reconocen como parte del mismo mundo.
Sin ese trabajo invisible —los estatutos escritos, las reuniones con federaciones nacionales, las carreras organizadas con presupuestos ajustados en los años en que nadie prestaba atención— el skyrunning no habría tenido la infraestructura sobre la que crecer cuando Kílian Jornet lo convirtió en un fenómeno global. El edificio ya estaba levantado cuando llegaron las grandes audiencias; Giacometti lo había construido ladrillo a ladrillo durante décadas.