En la historia de los deportes, hay momentos en que un atleta no solo domina su disciplina sino que la cambia de forma irreversible. Muhammad Ali no solo ganó combates de boxeo: cambió la manera en que el mundo entendía el boxeo y a los boxeadores. Usain Bolt no solo ganó el cien metros: redefinió lo que la humanidad pensaba que era posible en la velocidad humana. Kílian Jornet hizo algo parecido con el skyrunning, aunque con una diferencia importante: además de cambiar las expectativas sobre el rendimiento, cambió la narrativa misma del deporte.
El skyrunning antes de Jornet: un nicho alpino vibrante pero invisible
El skyrunning de los primeros años 2000 —cuando el Skyrunner World Series lanzó su formato moderno en 2002— era un deporte con una comunidad apasionada y técnicamente avanzada, pero con una presencia mediática prácticamente nula fuera del mundo de la montaña. Las carreras del circuito atraían a los mejores corredores de montaña de los Alpes, los Pirineos y otros macizos europeos, la calidad deportiva era alta y las pruebas eran exigentes y espectaculares. Pero nadie hablaba de skyrunning en los periódicos generalistas, no había transmisiones en directo de las carreras y el deporte no generaba el tipo de narrativa que atrae a patrocinadores grandes ni a audiencias masivas.
Los héroes del circuito en esos primeros años —atletas italianos, españoles y franceses de alto nivel— eran prácticamente desconocidos fuera de su comunidad deportiva específica. El skyrunning era, en el buen sentido, un secreto compartido entre iniciados: gente que sabía que en ese deporte estaba pasando algo extraordinario, pero que no tenía los medios ni la plataforma para comunicárselo al resto del mundo.
La llegada de Jornet: 2007 como año cero
En 2007, con 19 años, un joven catalán llamado Kílian Jornet ganó su primer título del Skyrunner World Series. Para los que ya seguían el circuito, aquello fue la primera señal de que algo había cambiado: Jornet no solo ganó, sino que lo hizo con unos márgenes sobre sus rivales que no tenían precedentes. Sus tiempos en las carreras superaban a los del segundo clasificado por diferencias que en pruebas de 35-40 km eran de 10 minutos o más, lo que en el contexto del deporte era una diferencia abismal.
Lo que hacía a Jornet diferente no era solo la velocidad: era la manera de moverse. Su carrera en terreno técnico, su lectura del recorrido, su gestión del ritmo en las subidas más extremas tenían una naturalidad que sus rivales —corredores experimentados y de altísimo nivel— reconocían abiertamente como algo que no habían visto antes. Algunos lo describieron como si para Jornet la alta montaña fuera su hábitat natural, no un terreno que hay que conquistar con esfuerzo.
Los títulos se multiplicaron: cuatro títulos consecutivos del SWS entre 2007 y 2010, victorias en Zegama-Aizkorri en múltiples ediciones, registros que parecían imposibles en las pruebas más duras del calendario. El circuito tenía su primera figura de dimensión histórica.
Los libros y las redes sociales: la narrativa que cambió todo
Si las victorias de Jornet en el circuito fueron el primer impacto, lo que lo convirtió en un fenómeno global fue su capacidad para contar una historia que resonaba más allá del mundo del deporte.
En 2011 publicó su primer libro, una autobiografía deportiva que narraba su infancia en el refugio del Col de Núria a 2.000 metros, su visión de la montaña como lugar de conexión con la naturaleza y su filosofía de vida basada en la sencillez y la autenticidad. El libro fue traducido a más de veinte idiomas y fue un éxito editorial que llevó el skyrunning a lectores que nunca habrían descubierto el deporte de otra forma.
Las redes sociales amplificaron esta narrativa. Jornet fue uno de los primeros atletas de deporte de montaña en usar Instagram y otras plataformas con una eficiencia comunicativa que muchos atletas de deportes mainstream tardaron años en alcanzar. Sus fotos desde cimas de 4.000 metros, sus vídeos en ultra-distancia y sus reflexiones sobre la montaña y el medio ambiente construyeron una audiencia de millones de seguidores que seguían el skyrunning no como deporte sino como forma de vida.
Summits of My Life: el proyecto que llevó el skyrunning a portadas mundiales
Si había un límite para el impacto de Jornet en el skyrunning convencional, el proyecto Summits of My Life lo superó. Entre 2012 y 2017, Jornet estableció récords de velocidad en las cimas más famosas del mundo: el Mont Blanc, el Matterhorn, el Denali y finalmente el Everest, al que subió dos veces en menos de una semana en 2017 sin oxígeno suplementario.
Estos logros convirtieron a Jornet en noticia en los medios generalistas de todo el mundo. Periódicos que nunca habían publicado una pieza sobre skyrunning dedicaron portadas o páginas completas a las ascensiones al Everest. Cadenas de televisión entrevistaron a Jornet. La BBC, National Geographic y medios de comunicación de referencia internacional cubrieron el proyecto con la misma atención que habitualmente reservan para los grandes eventos deportivos.
Para el skyrunning, esta exposición fue transformadora. Millones de personas que no sabían qué era el skyrunning aprendieron el término a través de las noticias sobre Jornet. Las inscripciones en carreras del circuito aumentaron. Los patrocinadores de primer nivel —marcas deportivas y no deportivas— empezaron a prestar atención a un deporte que hasta entonces no había estado en su radar.
El después de Jornet: un deporte distinto
El skyrunning de hoy es un deporte cualitativamente diferente al de antes de la era Jornet. No es solo que haya más participantes, más carreras o más patrocinadores: es que el deporte tiene una identidad pública, una narrativa global y un lugar en la cultura popular del deporte que no tenía antes. El legado de Jornet es, en última instancia, haberle dado al skyrunning una historia que el mundo quiso escuchar.