Hay récords deportivos impresionantes y hay récords que parecen pertenecer a otra dimensión. La racha de 555 victorias consecutivas de Jahangir Khan pertenece a la segunda categoría. Cinco años, casi exactos al día, sin perder un solo partido de squash. Frente a cualquier rival, en cualquier torneo, en cualquier condición. El pakistaní de la ciudad de Karachi construyó el mayor período de dominación individual en la historia del squash y uno de los más extraordinarios en la historia del deporte en general.
Detrás de ese récord hay una historia de tragedia personal, resiliencia y una técnica tan perfecta que sus contemporáneos llegaron a creer que era invencible.
Una familia de campeones, una tragedia como motor
Jahangir Khan nació en 1963 en Karachi en el seno de una familia que ya era leyenda en el squash paquistaní. Su padre, Roshan Khan, había ganado el British Open en 1957. Sus primos Hashim Khan y Azam Khan habían dominado el squash mundial en los años 50 y 60. El squash corría literalmente por las venas de la familia Khan.
Pero fue una tragedia la que convirtió a Jahangir de buen jugador en obseso del deporte. En 1979, su hermano mayor Torsam Khan, que era en ese momento el mejor jugador de squash del mundo y a quien Jahangir idolatraba, murió en el campo durante un torneo en Australia a consecuencia de una anomalía cardíaca no detectada. Tenía 26 años. Jahangir tenía 15.
El duelo de Jahangir se transformó en determinación absoluta. Con la guía del maestro Rehmat Khan y el apoyo de su familia, el joven pakistaní comenzó un período de entrenamiento de una intensidad que sus contemporáneos describían como sobrehumano. Corría montañas, golpeaba la pelota miles de veces al día y desarrolló una resistencia física y mental que ningún rival pudo igualar.
La máquina perfecta: técnica y resistencia
El squash de Jahangir Khan se basaba en una combinación de tres elementos que raramente se dan juntos en un mismo jugador: técnica impecable, condición física extraordinaria y resistencia mental de hierro. Su golpe era preciso y variado, capaz de enviar la pelota a cualquier rincón del campo con igual eficacia desde cualquier posición. Pero su verdadera arma era la resistencia: podía mantener el mismo nivel de juego durante horas sin dar muestras de fatiga.
En la era antes de la profesionalización plena del squash, cuando los partidos podían extenderse durante dos o tres horas, la capacidad de Jahangir para mantener la intensidad hasta el último golpe era una ventaja decisiva sobre rivales que eventualmente cedían física y mentalmente.
Los 555 partidos: cinco años de invencibilidad
La racha comenzó en noviembre de 1981 y se extendió exactamente cinco años. Durante ese período, Jahangir Khan ganó seis Campeonatos del Mundo consecutivos y diez British Open seguidos. Sus rivales sabían antes de entrar en la cancha que iban a perder: no era una cuestión de quién ganaba, sino de cuánto tiempo podían resistir.
Ross Norman, el neozelandés que finalmente rompió la racha el 11 de noviembre de 1986 en Auckland, describió años después la experiencia de enfrentarse a Jahangir en esa época: «Jugar contra él era como enfrentarse a una pared. Devolvía todo, siempre con el golpe correcto, sin errores. No sabías cómo ganarle porque nunca le veías cometer errores».
El legado de una leyenda
Jahangir Khan se retiró del squash profesional en 1993, habiendo acumulado más de 550 títulos y seis Campeonatos del Mundo. Fue nombrado por la Asociación Paquistaní de Atletismo como el mejor deportista paquistaní del siglo XX y la Federación Internacional de Squash le reconoció como el mejor jugador de la historia del deporte.
Su legado va más allá de los números. Jahangir Khan demostró que un país sin tradición de squash de élite podía dominar el deporte mundial durante una década, y que la dedicación absoluta podía llevar a un ser humano a una perfección técnica que rozaba lo imposible. El squash paquistaní, que había comenzado con Hashim Khan en los años 50, encontró en Jahangir su cumbre más alta.