Jahangir Khan: 555 partidos sin derrota
En la historia del deporte existen hazañas que parecen pertenecen más a la leyenda que a la realidad. La racha invicta de Jahangir Khan es una de ellas. Entre abril de 1981 y noviembre de 1986, el pakistaní no perdió un solo partido en competición oficial: 555 victorias consecutivas en el circuito profesional durante cinco años y medio. No hay otra racha comparable en ningún deporte individual de élite de la historia contemporánea.
Jahangir Khan tenía una condición física extraordinaria, un backhand devastador y una capacidad de recuperación en los intercambios largos que agotaba a sus rivales. Su filosofía de entrenamiento, impartida por su primo y entrenador Rahmat Khan, era de una exigencia brutal. La racha terminó en noviembre de 1986 cuando el australiano Ross Norman lo derrotó en el Campeonato del Mundo en Auckland, en una final que fue seguida con expectación en todo el mundo del squash. Jahangir tenía 22 años cuando comenzó la racha y 25 cuando terminó.
Nicol David: una década en la cima
Si Jahangir Khan representa el pináculo del squash masculino, Nicol David hace lo propio en el femenino. La malaya dominó el ranking mundial femenino durante 108 meses consecutivos —nueve años— entre agosto de 2006 y julio de 2015. Ganó ocho títulos mundiales, un récord absoluto en el squash femenino, y fue elegida atleta del año en Malasia en múltiples ocasiones.
Lo más notable de su carrera es el contexto: David creció en un país sin tradición histórica en el squash, sin la infraestructura de academias que Pakistán o Egipto habían construido durante décadas. Su éxito fue en buena parte el resultado de una determinación personal y de un apoyo familiar extraordinario. Al retirarse en 2019, David había demostrado que el squash ya no era patrimonio exclusivo de las naciones con herencia colonial británica.
Ramy Ashour: el genio truncado
Ramy Ashour está considerado por muchos analistas y exjugadores como el más dotado de todos los tiempos. El egipcio poseía una creatividad táctica y una explosividad física que ningún otro jugador de la historia ha igualado. Sus partidos eran casi intolerables de ver para sus rivales: golpes imposibles desde ángulos impensables, fintas que cambiaban el rumbo de un intercambio en una décima de segundo.
Ashour ganó tres títulos mundiales (2008, 2012 y 2014), pero las lesiones musculares recurrentes le impidieron alcanzar el dominio total al que su talento le daba derecho. Cada vez que parecía dispuesto a establecer una supremacía duradera, un tendón o un músculo lo apartaba del circuito durante meses. Su carrera fue un ciclo doloroso de brillantez y recuperación que terminó en un retiro prematuro en 2017, cuando tenía 30 años. El squash perdió a su figura más fascinante antes de tiempo.
La candidatura olímpica: el sueño aún pendiente
El capítulo más frustrante de la historia reciente del squash es su relación con los Juegos Olímpicos. El deporte reúne todos los requisitos objetivos para el olimpismo: se practica en más de 185 países, tiene una estructura profesional organizada y sus competiciones generan interés en múltiples continentes. Sin embargo, en las votaciones del COI para Río 2016 y Tokio 2020, el squash perdió frente al golf y el rugby sevens respectivamente.
La candidatura para París 2024 tampoco prosperó. La principal objeción del COI ha sido siempre la misma: la dificultad de retransmitir el squash de manera atractiva para la televisión, dado que la pista cerrada limita los ángulos de cámara y la dinámica del juego es difícil de seguir para el espectador no iniciado. La WSF ha invertido en el desarrollo de pistas de cristal y en nuevos formatos de retransmisión para superar este obstáculo. El squash sigue esperando su momento olímpico.