La estandarización y los primeros campeonatos
Durante la primera mitad del siglo XX, el squash carecía de un organismo rector internacional que unificara reglamentos y organizara competiciones globales. Cada país —e incluso cada club— aplicaba sus propias variantes de las reglas. La creación de la Federación Británica de Squash (SRA, Squash Rackets Association) en 1928 fue el primer paso hacia la estandarización, pero su alcance era nacional.
El gran salto llegó en 1967 con la fundación de la Federación Internacional de Squash (ISF), con sede en Londres y siete países fundadores. Esta estructura permitió por primera vez organizar campeonatos del mundo con legitimidad internacional. El primer Campeonato del Mundo individual masculino se disputó en 1976 en Gran Bretaña, y el femenino siguió en 1979. El deporte tardó casi un siglo y medio desde su nacimiento en Harrow en tener un campeonato mundial propio.
La dinastía Khan: Pakistán conquista el mundo
Entre 1951 y 1997, con solo cuatro años de interrupción, un jugador pakistaní fue el mejor jugador de squash del mundo. Esta supremacía casi total fue protagonizada principalmente por tres miembros de la familia Khan: Hashim Khan, Roshan Khan, Jahangir Khan y Jansher Khan.
Hashim Khan ganó el British Open —el torneo más prestigioso del mundo hasta la creación del campeonato mundial— en siete ocasiones entre 1951 y 1958. Su sobrino Jahangir Khan lleva aún hoy el récord más extraordinario del squash: una racha de 555 partidos sin derrota entre 1981 y 1986, la invicta más larga de cualquier deportista en la historia del deporte de élite. Jansher Khan, sin relación familiar directa, dominó la siguiente generación con ocho títulos mundiales entre 1987 y 1997.
La hegemonía pakistaní no fue accidental: respondía a una infraestructura de academias, tradición familiar y cultura del squash profundamente arraigada en el país, herencia directa de la presencia británica durante la era colonial.
La irrupción australiana y la profesionalización del circuito
Australia, otro país con fuerte tradición de squash heredada del Imperio Británico, produjo durante los años 70 y 80 una generación de jugadores que desafió la dominación pakistaní. Geoffrey Hunt, cuatro veces campeón del mundo, y más tarde Rodney Martin y Sarah Fitz-Gerald —esta última con cinco títulos mundiales femeninos— consolidaron a Australia como potencia permanente.
Fue precisamente el circuito australiano uno de los primeros en apostar por la profesionalización del squash. La creación de la Professional Squash Association (PSA) en 1975 organizó el circuito masculino con una estructura de torneos con premios en metálico, aunque los presupuestos eran modestos en comparación con otros deportes de raqueta. La PSA fue creciendo hasta convertirse en el organismo que hoy gestiona el circuito mundial, con torneos en los cinco continentes y retransmisiones en streaming.
El siglo XXI: Egipto y la globalización del deporte
A partir de los años 2000, Egipto relevó a Pakistán como gran potencia del squash. Amr Shabana, cuatro veces campeón del mundo, fue el precursor de una generación dorada que hoy sigue dominando el circuito. Ramy Ashour, considerado por muchos el jugador más talentoso de todos los tiempos por su creatividad y atletismo sin igual, ganó tres títulos mundiales antes de que las lesiones truncaran su carrera. Karim Abdel Gawad y Ali Farag continuaron la tradición en las siguientes generaciones.
En el lado femenino, la malaya Nicol David dominó el ranking mundial durante una década ininterrumpida (2006-2015), convirtiendo a un país sin tradición colonial británica en potencia mundial y abriendo el deporte a nuevos mercados en el sudeste asiático. El squash del siglo XXI es un deporte genuinamente global, practicado en más de 185 países y con ambiciones olímpicas que siguen siendo, por el momento, el gran reto pendiente de su federación.