En el squash femenino, hay un nombre que está por encima de todos los demás: Nicol David. La jugadora malaya no solo ganó más títulos mundiales que cualquier otra jugadora en la historia del deporte; mantuvo el número uno del ranking durante nueve años consecutivos, una cifra que parece sacada de otro tiempo. Sus récords redefinieron lo que era posible en el squash femenino y la convirtieron en una figura de referencia global en el deporte.
Los inicios de una carrera sin precedentes
Nicol David nació en 1983 en Penang, Malasia, la misma ciudad que vio crecer a Lee Chong Wei en bádminton. Desde niña mostró una agilidad y una capacidad de lectura del juego excepcionales. A los 15 años ya era la mejor jugadora junior del mundo y ganó el título mundial junior en dos ocasiones.
En 2005, con 22 años, ganó su primer título en el Campeonato del Mundo de Squash Femenino. No sería el último. En los diez años siguientes, David se convirtió en la jugadora más dominante que el squash femenino había visto, acumulando ocho títulos mundiales en una competición que reunía a lo mejor del mundo.
108 meses en el número uno
El dato más revelador de la carrera de Nicol David no son sus títulos mundiales, sino su permanencia en el número uno del ranking. David ocupó el primer puesto de la clasificación mundial desde 2006 hasta 2015, nueve años ininterrumpidos, 108 meses consecutivos. Para encontrar algo parecido en el deporte hay que remontarse a los registros más extraordinarios de la historia: la racha de Steffi Graf en tenis o los periodos de dominación de Federer.
Esta consistencia es el resultado de una preparación física exhaustiva, una técnica depurada al detalle y una mentalidad competitiva que sus rivales describían como intimidante. David no ganaba los partidos solo con talento: los ganaba por preparación.
El estilo de juego que la hacía diferente
El squash de Nicol David se distinguía por su velocidad de desplazamiento y su capacidad para llegar a pelotas que cualquier otra jugadora habría dado por perdidas. Su juego defensivo era extraordinario, pero también tenía un arsenal ofensivo variado que le permitía atacar desde cualquier parte de la pista.
Una característica especial era su regularidad: cometía muy pocos errores no forzados, lo que obligaba a sus rivales a generar ellas mismas el punto ganador. Cuando el rival tenía que atacar constantemente para marcar, aumentaba exponencialmente el número de errores. La filosofía de David era sencilla pero devastadora: nunca regalar un punto.
El legado en el squash mundial
Nicol David se retiró en 2019 después de una carrera que duró más de veinte años en el circuito profesional. Su legado va más allá de los títulos: transformó la percepción del squash malayo, abrió puertas para otras jugadoras de Asia en un deporte históricamente dominado por jugadoras de Europa, Egipto y Australia, y se convirtió en embajadora global del deporte.
Sus récords —108 meses como número uno y 8 títulos mundiales— son el punto de referencia con el que se medirá a cualquier jugadora futura. En el squash femenino, la era de Nicol David es simplemente incomparable.