Hay una parte de las MMA que el espectador no ve nunca y que, sin embargo, puede ser más peligrosa que cualquier golpe recibido en el octágono. Semanas antes de cada combate, en gymnasios y saunas de todo el mundo, luchadores profesionales someten a sus cuerpos a un proceso de deshidratación extrema que la medicina ha documentado como médicamente peligroso. El objetivo es simple y perverso a la vez: pesar lo menos posible en la báscula para poder pelear en la categoría más baja y, una vez superado el pesaje, recuperar el mayor peso posible antes del combate.
Este proceso se llama corte de peso (weight cutting en inglés), y es uno de los secretos más incómodos de los deportes de combate modernos. No es exclusivo de las MMA —el judo, el boxeo y la lucha olímpica tienen el mismo problema— pero en las MMA ha llegado a niveles que han motivado cambios regulatorios y debates médicos serios.
Cómo funciona el corte de peso
Un luchador que quiere competir en la categoría de 170 libras puede en realidad pesar 185 o incluso 190 libras en condiciones normales. En las semanas previas al combate reduce su ingesta calórica para llegar al pesaje lo más cerca posible de su peso real de competición. Pero los últimos kilos —los que marcan la diferencia entre dar el peso o no— se eliminan mediante deshidratación extrema.
Las técnicas son variadas: saunas durante horas, entrenamiento con ropa impermeable, restricción total de líquidos en las últimas 24 horas, y en algunos casos diuréticos. El objetivo es eliminar agua del cuerpo —no grasa, no músculo— de forma tan rápida como sea posible. Un luchador puede perder entre 5 y 10 kilos de agua en las 24-48 horas previas al pesaje.
Una vez superada la báscula, comienza la rehidratación. Con 24 horas hasta el combate, los luchadores beben, comen y descansan para recuperar el peso perdido. El resultado es que en el momento del combate, un luchador que “pesó” 170 libras puede pesar realmente 180 o más, con la ventaja de tamaño que eso implica sobre un adversario que también hizo su corte pero que naturalmente es más pequeño.
Las consecuencias médicas
Los estudios médicos sobre el corte de peso en los deportes de combate pintan un cuadro preocupante. La deshidratación severa afecta a la función renal —los riñones trabajan en condiciones extremas— y puede causar daños acumulativos a largo plazo en luchadores que hacen diez o veinte cortes de peso a lo largo de su carrera.
Pero quizás más preocupante es el efecto en el cerebro. El cerebro está rodeado de líquido cerebroespinal que actúa como amortiguador en caso de impactos. Cuando el luchador llega al combate parcialmente deshidratado —porque la rehidratación de 24 horas es raramente completa— ese amortiguador es menor, y los golpes tienen consecuencias potencialmente más graves.
El caso extremo y la regulación
En 2015, el luchador de la UFC Leandro Silva falleció durante un corte de peso excesivo. Fue el caso más extremo pero no el único: varios luchadores han sido hospitalizados por cortes de peso que salieron mal. Estas tragedias aceleraron los debates regulatorios y empujaron a organizaciones como ONE Championship a adoptar sistemas alternativos de pesaje. El problema no está resuelto, pero ya nadie puede ignorarlo.