Reinhold Messner nació el 17 de septiembre de 1944 en Brixen (Bressanone), en el Tirol del Sur, una región de la actual Italia de lengua alemana enclavada en los Alpes. Creció en el valle de Villnöß, en las Dolomitas, rodeado por paredes de roca caliza que serían su primer campo de entrenamiento. A los cinco años ya escalaba con su padre. A los trece años completó su primera vía de grado difícil. Lo que vino después redefinió los límites de lo humanamente posible en la montaña.
Las Dolomitas como escuela
Las Dolomitas son una de las zonas de escalada más exigentes y bellas del mundo. Las paredes verticales de caliza que se elevan sobre los valles tiroleses son el campo de entrenamiento donde generaciones de alpinistas italianos y austriacos han forjado su técnica. Messner las conocía todas desde niño y pronto comenzó a abrir vías nuevas, ascensiones en solitario y primeras de invierno que lo señalaban como algo excepcional.
En 1969, con veinticuatro años, escaló el Pilastro Central del Freney en el Mont Blanc, una de las vías más difíciles de los Alpes. Ese mismo año realizó la primera solitaria del Pilar de la Route de la Haute Route. Ya era evidente que Messner no seguía las normas establecidas del alpinismo: buscaba las vías más difíciles por los medios más puros, sin clavos de expansión, sin fijar cuerdas, sin porteadores.
El Nanga Parbat de 1970: el precio de la montaña
En 1970, Messner participó en la expedición alemana al Nanga Parbat (8.126 m), la novena montaña más alta del mundo. La expedición abrió una vía nueva por la cresta de los Ingleses. El 27 de junio, Reinhold y su hermano menor Günther alcanzaron la cima.
El descenso se convirtió en tragedia. Perdidos en la cara Diamir del Nanga Parbat, agotados y desorientados, Günther fue engullido por un alud. Reinhold llegó al valle tras varios días de deambular congelado, con ocho dedos de los pies afectados por congelación severa. Perdió siete de ellos.
Décadas después, los restos de Günther Messner fueron encontrados en el glaciar Diamir, confirmando la versión de Reinhold, que había sido cuestionada por otros miembros de la expedición. La controversia sobre el Nanga Parbat persiguió a Messner durante años.
El Everest sin oxígeno: 1978
La hazaña que situó a Messner en la historia del alpinismo mundial fue la ascensión al Everest sin oxígeno suplementario en 1978, realizada junto al austriaco Peter Habeler. En aquella época, la comunidad médica consideraba imposible que el cerebro humano sobreviviera funcionalmente por encima de los 8.500 metros sin oxígeno artificial.
Messner y Habeler demostraron que estaban equivocados. El 8 de mayo de 1978, ambos alcanzaron la cima del Everest directamente desde el Col Sur sin usar ni una sola bocanada de oxígeno de botella. Habeler describió el tramo final como el peor momento de su vida: alucinaciones, incapacidad para pensar con claridad, el cuerpo a punto de colapsar. Pero lo hicieron.
En 1980, Messner volvió al Everest en solitario, en la primera solitaria de la montaña más alta del mundo, por la cara norte. Tardó tres días desde el campo base avanzado. Durmió solo a 8.200 metros. Alcanzó la cima el 20 de agosto de 1980 y bajó sin que nadie lo estuviera esperando abajo. Es posiblemente la actuación alpina más extraordinaria de la historia.
Los catorce ochomiles: la obra maestra de una vida
Messner no planeó desde el principio completar los catorce ochomiles. La colección se fue construyendo sola, ochomil a ochomil, en un período de dieciséis años (1970-1986). Cada ascensión era un proyecto en sí mismo, planificado con meses de antelación, con expediciones pequeñas en estilo alpino que buscaban el mínimo impacto en la montaña.
El 16 de octubre de 1986, cuando alcanzó la cima del Lhotse (8.516 m), completó el listado de los catorce. Tenía cuarenta y dos años. Era el primero en conseguirlo. El polaco Jerzy Kukuczka lo haría un año después, en 1987.
Más allá de la montaña
Messner no se detuvo con los ochomiles. En 1989-1990, cruzó la Antártida a pie con Arved Fuchs: 2.800 kilómetros en 92 días desde el mar de Weddell hasta el de Ross, pasando por el Polo Sur geográfico. También atravesó el desierto del Gobi, exploró el Ártico y realizó travesías a pie por los desiertos más extremos del planeta.
Político (fue eurodiputado por los Verdes italianos entre 1999 y 2004), escritor prolífico (ha publicado más de 50 libros) y creador del Messner Mountain Museum (una red de seis museos sobre alpinismo repartidos por el Tirol del Sur), Reinhold Messner sigue activo como divulgador y defensor de la montaña salvaje.
A los ochenta años, su figura sigue siendo la referencia absoluta del alpinismo mundial: el hombre que fue más lejos que nadie, más alto que nadie, con menos artificios que nadie.