Si el primer ascenso al Mont Blanc en 1786 fue la chispa, la edad dorada del alpinismo fue la explosión. En apenas once años, entre 1854 y 1865, los grandes picos de los Alpes cayeron uno tras otro ante la determinación de un grupo de alpinistas victorianos que combinaban el espíritu aventurero de su época con una competitividad feroz por ser los primeros en coronar cada cima.
Los protagonistas: caballeros británicos y guías de montaña
El alpinismo victoriano fue, en su mayor parte, un asunto de clase alta inglesa. Los miembros del Alpine Club —fundado en Londres en 1857, el primer club de montañismo del mundo— eran abogados, médicos, clérigos y académicos que encontraban en los Alpes el escenario perfecto para un deporte que combinaba riesgo físico, camaradería y gloria personal.
Pero los verdaderos artífices técnicos de la edad dorada fueron los guías de montaña: hombres de los valles alpinos suizos, savoyaneses e italianos que conocían el terreno, elegían las rutas y aseguraban la vida de sus clientes en los pasos técnicos. Guías como Christian Almer, Melchior Anderegg, Michel Croz o el clan Lauener acompañaron a los alpinistas británicos en decenas de primeras ascensiones.
Las grandes conquistas
El período comienza convencionalmente con el primer ascenso del Monte Rosa (4.634 m) por Johann Coaz en 1854. Luego llegaron:
- 1858: primera ascensión del Mont Blanc del Tacul, la Aiguille de Goûter y otros picos del macizo del Mont Blanc.
- 1859: primera ascensión del Monte Viso (3.841 m), el primer cuatromil italiano, por William Mathews.
- 1860: primeras ascensiones de varios cuatromiles del Oberland bernés.
- 1861: primera ascensión del Weisshorn (4.506 m) por John Tyndall.
- 1864: primera ascensión de la Barre des Écrins (4.102 m) por Whymper y su cordada.
- 1865: primera ascensión del Cervin / Matterhorn y del Gran Paradiso.
Whymper y el Matterhorn: triunfo y tragedia
Edward Whymper fue el alpinista más famoso de la edad dorada. Grabador de profesión y alpinista obsesivo, fijó su objetivo en el Matterhorn (4.478 m, llamado Cervino en Italia), la montaña más temida de los Alpes por su forma de pirámide de roca aparentemente inescalable.
Whymper lo intentó siete veces entre 1861 y 1865, fallando cada una. Mientras tanto, el guía italiano Jean-Antoine Carrel intentaba la ascensión por la cara italiana. La rivalidad entre ambos era conocida.
El 13 de julio de 1865, Whymper formó una cordada de siete personas: él mismo, Lord Francis Douglas, el Reverendo Hudson, Douglas Hadow y tres guías (Michel Croz, Peter Taugwalder padre e hijo). Partieron hacia la cima por la arista noroeste, la cara suiza.
El 14 de julio de 1865, a la 1:40 PM, todos alcanzaron la cima. Whymper miró hacia abajo y vio la cordada de Carrel subiendo por la cara italiana: les gritó y arrojó piedras para que supieran que habían llegado tarde.
En el descenso, todo se torció. El inexperto Hadow resbaló y arrastró consigo a Croz, Hudson y Douglas. La cuerda se tensó y se rompió entre los guías Taugwalder y los que caían. Los cuatro cayeron al vacío y murieron. Whymper y los Taugwalder llegaron al valle vivos.
El fin de una era
La tragedia del Matterhorn conmocionó a Europa. La reina Victoria consideró prohibir el alpinismo. Los periódicos debatieron si era moral buscar la muerte por placer en las montañas. Charles Dickens escribió un editorial crítico. El alpinismo pasó de aventura romántica a polémica pública.
Pero también fue el punto final de la edad dorada: los grandes picos de los Alpes ya habían sido coronados. La siguiente era del alpinismo buscaría nuevas rutas y nuevas dificultades en las mismas montañas, y después miraría hacia el Himalaya y los confines del mundo.