Pocas noticias en la historia del siglo XX generaron una alegría tan universal como la que llegó el 2 de junio de 1953 a las redacciones de los periódicos de todo el mundo: el Everest había sido conquistado. Dos días antes, un apicultor neozelandés y un sherpa del Nepal habían puesto el pie en el punto más alto del planeta. La noticia coincidió con la coronación de la reina Isabel II, y los titulares lo dijeron todo: “La coronación de la reina y la conquista del Everest”.
El Everest antes de 1953
Los intentos de ascender al Everest comenzaron en los años veinte, cuando las expediciones británicas empezaron a explorar el macizo desde el Tibet. La montaña era un territorio casi desconocido: no había mapas precisos, no se sabía si el ser humano podía sobrevivir fisiológicamente a esa altitud, y el equipo disponible era primitivo.
George Mallory y Andrew Irvine desaparecieron el 8 de junio de 1924 a menos de 300 metros de la cima. Mallory, preguntado por qué quería escalar el Everest, había dado la respuesta más célebre de la historia del alpinismo: “Because it is there” — Porque está ahí. El cuerpo de Mallory fue encontrado en 1999 a 8.155 metros de altitud, pero el misterio sobre si llegaron a la cima nunca se ha resuelto.
La expedición de 1953
La expedición británica de 1953 fue la más organizada y mejor financiada hasta entonces. Liderada por el coronel John Hunt, contaba con catorce escaladores, casi cuatrocientos porteadores y más de veinte guías y escaladores sherpas. El objetivo era sistematizar la ruta por la arista sueste y el corredor de Hillary, identificado en la expedición de 1952 por los suizos Raymond Lambert y Tenzing Norgay.
La estrategia fue la de las expediciones de asalto por etapas: instalar campamentos sucesivos a diferentes altitudes, aclimatarse progresivamente y enviar cordadas de cima en turnos. El primer intento lo hicieron Tom Bourdillon y Charles Evans el 26 de mayo de 1953: llegaron a la Cima Sur (8.750 m) pero no pudieron continuar por problemas con el equipo de oxígeno y el tiempo.
Hillary y Tenzing: la cima
Edmund Hillary, alpinista y apicultor de Nueva Zelanda de treinta y tres años, y Tenzing Norgay, sherpa de treinta y nueve años con una experiencia himaláyica incomparable, partieron del Campamento IX (8.500 m) la madrugada del 29 de mayo.
El paso más técnico fue el que hoy lleva el nombre de Hillary: un estrecho corredor de roca de unos doce metros de altura justo antes de la cima final. Hillary lo superó reptando por una grieta entre la roca y la nieve. Tenzing le siguió.
A las 11:30 AM del 29 de mayo de 1953, ambos estaban en la cima del mundo. Hillary sacó la cámara y fotografió a Tenzing sosteniendo el piolet con las banderas de las Naciones Unidas, Nepal y Reino Unido. Tenzing hizo un hoyo en la nieve y depositó chocolatinas y galletas como ofrenda a los dioses de la montaña.
Permanecieron quince minutos en la cima. Tenían que volver.
Quién llegó primero
Durante décadas, la pregunta sobre quién pisó la cima en primer lugar generó tensión entre los dos países. Hillary siempre dijo que habían llegado juntos como un equipo. Tenzing, en su autobiografía de 1955, reveló que Hillary había puesto el pie en la cima primero, pero añadió que eso no tenía importancia.
El legado
La conquista del Everest en 1953 transformó el alpinismo de una actividad de élite en un sueño accesible para millones de personas. Hillary y Tenzing se convirtieron en héroes nacionales en sus respectivos países. Hillary dedicó el resto de su vida a construir escuelas y hospitales en Nepal a través de su Himalayan Trust.
El Everest sigue siendo la cima más codiciada del planeta: más de seis mil personas lo han ascendido. También ha cobrado la vida de más de trescientas, y el problema de la masificación y los residuos en la montaña es hoy uno de los debates más urgentes del alpinismo mundial.