España es uno de los países con mayor tradición senderista de Europa. Su geografía variada —Pirineos, Cordillera Cantábrica, Sistema Central, Sierra Nevada, mesetas y más de 8.000 kilómetros de costa— ha propiciado desde tiempos inmemoriales el desplazamiento humano a pie por rutas que hoy, convenientemente señalizadas y homologadas, forman una de las redes de senderos más extensas del mundo.
Los caminos previos: pastores, peregrinos y arrieros
Mucho antes de que existiera el senderismo como actividad deportiva, España estaba surcada por una densa red de caminos usados por necesidad. Las cañadas reales de la Mesta, la organización medieval de ganaderos trashumantes, crearon un entramado de vías pecuarias que conectaban los pastos de verano del norte con los de invierno del sur. Muchos de estos caminos —como la Cañada Real Soriana, de más de 700 kilómetros— son hoy senderos oficialmente homologados.
Los caminos de peregrinación a Santiago de Compostela constituyen quizá la red de rutas a pie más antigua y culturalmente rica de España. Desde el siglo IX, caminantes de toda Europa llegaron a la tumba del apóstol siguiendo el Camino Francés, el Camino Portugués, el Camino del Norte y docenas de variantes regionales. Estos caminos fueron la primera infraestructura de larga distancia para el caminante en la Península.
Los siglos XIX y XX: montañismo y excursionismo organizado
El senderismo como práctica deportiva organizada comenzó en España a finales del siglo XIX, de la mano del movimiento excursionista que se extendía por toda Europa. En 1876 se fundó la Asociación Catalanista d’Excursions Científiques en Barcelona, una de las primeras entidades dedicadas a la exploración del territorio a pie en España. El Centre Excursionista de Catalunya, fundado en 1890, sería su heredero directo y una de las organizaciones de montañismo más influyentes del país.
En el País Vasco y Aragón surgieron sociedades similares que organizaban excursiones a los Pirineos y a las montañas del norte. El alpinismo y el excursionismo estaban en ese momento fundidos en una sola actividad: caminar era el medio para llegar a las cumbres y explorar el territorio.
La primera mitad del siglo XX fue un período de desarrollo lento. La Guerra Civil (1936-1939) y la posguerra frenaron el crecimiento de las actividades al aire libre, pero el montañismo y el excursionismo sobrevivieron en el seno de los clubes locales y de la recién creada Federación Española de Montañismo (hoy FEDME), fundada en 1943.
Los años 70 y 80: la llegada de los GR
El punto de inflexión moderno llegó en los años 70, cuando España adoptó el sistema de senderos de Gran Recorrido (GR) desarrollado en Francia desde 1947. La FEDME y las federaciones autonómicas comenzaron a señalizar y homologar rutas de larga distancia siguiendo el modelo de marcas rojo y blanco ya establecido en el país vecino.
El GR-11, la Senda Pirenaica, fue el emblema de esta primera etapa: 840 kilómetros que cruzan el Pirineo de costa a costa, desde el Cabo de Higuer (Guipúzcoa) hasta el Cabo de Creus (Gerona). Era —y sigue siendo— una de las travesías de montaña más espectaculares de Europa, comparable en exigencia y belleza al Tour du Mont Blanc o al GR-20 de Córcega.
Paralelamente, se homologaron los primeros senderos de Pequeño Recorrido (PR), rutas más cortas diseñadas para excursiones de un día o de fin de semana, pensadas para un público más amplio que el de las travesías pirenaicas.
El boom del Camino de Santiago
La reactivación del Camino de Santiago como ruta de peregrinación y senderismo fue el fenómeno que cambió para siempre la percepción del senderismo en España. A mediados de los años 80, el Camino estaba prácticamente olvidado: en 1985, apenas 700 personas completaron el Camino Francés. El impulso vino de varias direcciones: la declaración del Camino como Primer Itinerario Cultural Europeo por el Consejo de Europa en 1987, la concesión del Año Santo en 1993 (con el inesperado record de 100.000 peregrinos) y, sobre todo, el boca a boca de quienes lo habían recorrido.
En 2023, más de 440.000 peregrinos recogieron la compostela en Santiago de Compostela. El Camino de Santiago demostró que existía un mercado masivo de personas dispuestas a caminar durante semanas, y transformó la imagen del senderismo en España de actividad marginal a fenómeno cultural de primer orden.
La consolidación moderna: FEDME y más de 10 millones de senderistas
Hoy, España cuenta con más de 25.000 kilómetros de senderos homologados entre GR, PR y senderos locales (SL). La FEDME coordina la red, establece los criterios de homologación y trabaja con las 17 federaciones autonómicas para el mantenimiento y la señalización de las rutas.
Con más de 10 millones de senderistas habituales, España es el segundo país europeo por número de practicantes del deporte, solo por detrás de Alemania. El senderismo es hoy la actividad deportiva al aire libre más practicada en el país, con un crecimiento continuo impulsado por el interés en la salud, la naturaleza y el bienestar mental.
La historia del senderismo en España es, en definitiva, la historia de un país que redescubrió sus propios caminos y aprendió a caminar por ellos por placer.